martes, 11 de octubre de 2011

Capítulo VIII: Pájaros y Ninjas





El camino desde el río fue rápido y entretenido. Era cercana la medianoche cuando divisaron la base de los Red Wings en la lejanía, y alguna que otra nave saliendo de la base hicieron que sus cuerpos pensaran que pronto estarían descansando. La base, en otro tiempo una ciudad, fue reconstruida para ser un gran complejo de mantenimiento para la armada voladora de Baron y como base principal para el comercio por aire. Pocas veces algunas naves paraban en la propia ciudad, salvo raras excepciones. Muchas personas que viajaban a otros países permitiéndose los precios del viaje por el cielo también subían allí a las aeronaves de pasajeros.

Cuando llegaron, Dreighart miró con asombro las grandes naves, mientras Ylenia contenía el aliento. La guerrera había visto alguna vez aeronaves a lo lejos, pero verlas tan de cerca impresionaba en sobremanera. El color rojo de las naves brillaba con el fuego de las antorchas que había, y la gente iba y venía sin detenerse con fardos o bultos de equipajes. Cuando se colocaron cerca de uno de los soldados, Ankar se acercó a él ya bajado de su chocobo y le hizo un saludo militar.

-Buenas noches. -Dijo el soldado secundando el saludo. -¿Puedo saber quien sois?
-Mi nombre es Ankar Einor, capitán de la primera división de dragontinos de Baron. -Dijo el albino ante la mirada atónita de alguno de sus compañeros. -Me envían a Tule para hacer algunos recados.
-¿Ahora mandan a los capitanes a hacer recados? -Preguntó el soldado extrañado.
-El general supremo Kain Highwind desearía que no dijera gran cosa. -Comentó el telépata sonriendo y sacando el pergamino que le proporcionó el anciano de Baron. -Sin embargo, requerimos un poco de ayuda.

El soldado tomó el pergamino y lo leyó atentamente escuchando solo el respirar del ladrón y del samurái, que empezaba a dar brincos con cada chica que aparecía. Al cabo de unos segundos el soldado enrolló de nuevo el pergamino y miró a Ankar.

-Capitán Einor, ya sabe cual es el procedimiento, por favor acompáñeme a hablar con el teniente de navío.
-Por supuesto. -Se giró un momento a sus compañeros y les hizo un gesto con la mano. -No tardaré.

Ankar se perdió entre la multitud mientras los demás se quedaron en la entrada en un silencio bastante incómodo, el cual lo rompió Onizuka.

-Impresionante. ¿Eh, Dreight?
-Impresionante no es la palabra que busco. -Dijo el ladrón mirando hacia arriba. -Había escuchado cosas sobre los Red Wings pero verlos con mis propios ojos...

La realidad era bastante cercana a las palabras del peliazul. Los Red Wings, la flota aérea de Baron, era algo temible si se veía desde abajo. Barcos con el casco pintado de un rojo escarlata estaban posados en el suelo con grandes hélices en los mástiles junto a las velas blancas. Algunos eran más grandes que otros, y los de mayor tamaño eran los de uso militar, aunque los barcos mercantes también tenían su envergadura... pero no el color típico del ejército.

-Que conste que yo me quedé igual la primera vez que vine aquí.
-¿Cuándo viniste aquí?
-La primera vez que vine al continente me perdí y llegué aquí buscando a nuestro amigo de ojos verdes.

Mientras los dos hombres hablaban, Ylenia miraba la silueta de Ankar mientras se perdía entre la multitud, y se mordía el labio inferior frunciendo el ceño. Por lo que sabía, había diez divisiones en la armada dragontina, y la primera era comandada por el propio héroe de guerra Kain Highwind, el líder de toda la armada dragontina... Y estar en la primera división era estar entre los mejores. Se sorprendió al escuchar el rango de Ankar, pues ese rango era demasiado alto para alguien de su edad... La primera vez que lo había visto le había echado veinte años, y ser capitán era algo que debería haberle tomado tiempo... los únicos capitanes que conocía ella tenían más de treinta primaveras.

Pero lo que más le reconcomía era precisamente eso... Su rango. Sus manos no podían estarse quietas, así que empezó a ordenar sus objetos en las alforjas de Aine.

Siempre había deseado tener algo parecido a un rango... Alguien que la reconociera, que le tuviera respeto, que alguien le necesitara... Pero sus pensamientos se esfumaron cuando vieron como se acercaba el dragontino.

-Nos han asignado una de las naves de guerra más rápidas, la Sueño Santo. -Comentó Ankar al quedarse quieto junto a ellos. -Es una nave fiable y ha de ir igualmente al norte, por lo que nos llevará hasta Tule sin problemas.
-Oh, qué nombre más poético. Sueño Santo. Es bonito en cierta manera. -Dijo juntando las manos Onizuka.
-Cállate. -Dijo enfadada Ylenia mientras caminaba con su chocobo.
-Si ama, yo seré bueno, yo seré sumiso. Esclavo a sus órdenes. -Contestó el samurái corriendo hacia delante. -No me haga daño con esos juguetitos.

Ylenia volvió a hacer ese gesto con sus labios mientras tomaba la empuñadura de su arma, pero Ankar la detuvo.

-He tenido que decir que estáis a mis órdenes en una misión extraoficial del reino... Así que te agradecería que no lo mataras mientras estamos por aquí.
-Tienes razón, discúlpame. -Contestó Ylenia soltando un bufido y dejando su mano muerta. -Es que a veces este idiota me saca de quicio.

Caminaron llevando a los chocobos en dirección al soldado que les había hablado antes, y este les enseñó el camino entre las muchas naves que ahí había. El viento caliente que expulsaban algunas de las máquinas hacía que sus cabellos se movieran con fuerza, incluso el cabello de Onizuka, dejando ver su parche negro. Cuando se detuvieron, pudieron ver la gran aeronave siendo cargada de diferentes fardos, y en uno de los lados del casco carmesí había las runas con el nombre "Sueño Santo".

-¿Acaso no es un barco de guerra? -Preguntó Dreighart extrañado. -Parece que lo están cargando con mercancías.
-El Sueño Santo es uno de los Red Wings que protegen la zona norte. -Contestó una voz cerca de ellos. Al mirar, pudieron ver a un hombre fornido, de cabello largo, castaño y canoso, con un poblado bigote de iguales colores, con uniforme de Baron. Tenía el rostro de alguien mayor, pero sin deteriorarse con la edad. -Soy el capitán de corbeta Kevin Wisdom.
-Capitán Ankar Einor, primera división dragontina. -Contestó el albino haciendo un saludo militar, el cual fue respondido por el recién llegado. -Le estamos muy agradecidos de que nos permita ir en su nave, capitán de corbeta Wisdom.
-Siempre es un placer ayudar a un compañero. -Dijo riendo bastante alegre el hombre estrechando la mano del dragontino. -Partiremos pronto, así que os aconsejaría que dejarais a los chocobos en el establo, con los demás.
-Os lo agradezco.
-Menos formalismos, aquí no se usan rangos hasta que haya que matar monstruos. -Contestó riendo mientras se marchaba Kevin.

Dreighart e Ylenia comenzaron a caminar por la pasarela que había en la popa de la nave, pero se giraron al ver como Ankar veía a Onizuka, el cual no había dado ni un paso adelante.

-¿Qué te ocurre?
-No subo.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-Anda, vamos.

El dragontino tomó del brazo a Onizuka y empezó a tirar, mientras que el chocobo blanco del samurái empujaba con su cabeza la espalda de su dueño. El samurai gritaba.
-¡No! ¡No quiero subir!
-¿Un samurái que se cree tan valiente tiene miedo a las alturas? -Todos escucharon la voz de Ylenia mirándole con una sonrisa siniestra. -Que cómico.

La oreja derecha de Onizuka se movió como la de un perro al escuchar aquello y se soltó de su compañero, con mirada decidida y mirando al frente.

-Puedo subir. Voy a subir. No intentéis detenerme.
-No... si no teníamos intención... -Contestó suspirando Ankar.

El samurái miró la pasarela y levantó un pie encima de esta. Cerró fuerte los ojos, apretó los dientes y bajó el pie en la madera. Abrió el ojo sorprendido, y muy contento comenzó a caminar por encima de ella en dirección a la nave.

-Pues que cosas, tampoco era para tanto. -Dijo alegre el pelirrojo.
-¿Y por qué te tiemblan las piernas? -Preguntó mordaz la guerrera.
-Porque me estoy meando desde esta mañana.

La respuesta fue tan súbita que dejó sin palabras a la mujer, mientras que el albino suspiraba subiendo también él con los animales que faltaban.

Tardaron relativamente poco en cargar el resto de equipajes, mientras que el grupo estaba revisando cada uno su propio zurrón en un cuarto hecho especialmente para dormir los marineros, con dos literas para los cuatro. Un movimiento duro hizo que todos se sujetaran de la cama sintiendo que empezaban a moverse mientras se quitaban las vainas de sus armas más grandes para estar más cómodos.

-Bueno, ya nos vamos. -Dijo suspirando Dreighart mientras Ylenia lanzaba su espada en el colchón de una de las literas de arriba, para luego saltar y estirarse en ella.

El dragontino se sentó en la cama baja contraria a la de Ylenia, apoyando su espada Raikoken en la pared, cerca de él. El ladrón se colocó bajo la mujer sin separarse de sus dagas. Sin embargo sintió la mirada asesina de Onizuka.

-¿Qué ocurre?
-Yo quería dormir ahí.
-¿Razón?
-¿No está claro? Para meterle mano a la guerrera masoquista.
-Mira, Onizuka... -Ankar tomó a su compañero del brazo y lo acercó a él. -Si duermes aquí arriba podrás tener mejores vistas. ¿No lo considerarías?
-¡Coño! ¡Es cierto! Gracias Ankar.
El samurái dejó su katana al lado de la espada de Ankar y colocó la gran espada de fuego en la litera, y pegó un salto para colocarse en el colchón alto y mirar a la mercenaria, que estaba dándole la espalda.

-Preciosa vista, sí señor.
-Va, a dormir un rato...

El grupo se quedó en silencio unos instantes mientras escuchaban las hélices del motor a lo lejos dando vueltas. Dreighart miraba hacia la pared, pensativo. Aquella sensación la había conocido antes, pero... Nunca había montado en un barco volador, y que él supiera estaba junto a compañeros. Entonces... ¿Por qué se sentía así de nervioso? ¿Por qué presentía que algo no iba bien?

Ylenia intentaba descansar lo máximo que pudiera. Todavía no se le había pasado el malestar con Ankar, aunque sabía que él no tenía culpa de nada. ¿Qué culpa tenía él de que ella estuviera celosa? Sin embargo, cerró los ojos para tranquilizarse y contar hasta cien mientras tenía su cimitarra a mano. No quería sorpresas innecesarias.

El dragontino, por su parte, miraba hacia el techo también algo pensativo. Su misión era muy peligrosa pero a la vez importante, sin embargo sabía que tarde o temprano esa misma misión le llevaría hasta su propio objetivo. El dragón negro. Se alegraba de tener a Onizuka cerca, su espontaneidad y fuerza le servirían de apoyo... Pero se sentía algo inseguro ahora que estaba fuera de los ojos atentos de Angelus.

El pelirrojo, mientras tanto, estaba mirando la espalda y el trasero de la guerrera, sonriendo en la oscuridad con su único ojo. En cierta medida le recordaba a su único amor... y recordó con tristeza su pasado. Recordó el fuego, la sangre, el odio y los gritos. Recordó la huída, solo, sin su amada... Se giró en dirección a la pared recriminándose el ponerse triste, pues sentía a su lado, dentro de la vaina, el fuego interno de su espada llameante que le hacía saber que sentía sus pensamientos.

Todos estuvieron cavilando hasta que, poco a poco, el sueño los venció.

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-Muchacha, despierta. -Alguien le mecía con cierta brusquedad. -Llegaremos en un rato.

Ella abrió los ojos con pesadez y miró hacia delante, con los ojos semiabiertos. Se había quedado dormida mientras leía su libro de hechizos de magia negra en la pequeña cama que tenía para ella sola. Miró con los ojos soñadores de donde provenía la voz, viendo a Kain con su armadura de dragontino sagrado. Se apartó él de la muchacha mientras ella se incorporaba en el colchón.

-¿Qué hora es...?
-Pasado mediodía. -Dijo el héroe cruzándose de brazos. -Has dormido más de lo que esperaba.
-No es culpa mía... -Contestó ella mientras se estiraba. Bajó los brazos para tomar el libro y guardarlo en su zurrón. -Mi metabolismo me pide dormir mucho si no como en condiciones, aunque me extraña haber dormido tanto... ayer comí bastante bien.
-Y en cantidad. -Respondió con una sonrisa el dragontino.
-No todos los días puedes comer tanto como quieres... -Dijo ella algo ofendida. -¿Qué queríais, dragontino?

Kain bajó los brazos, serio, y la miró con una mirada penetrante. Ember le sostuvo la mirada mientras esperaba. A Kain cada vez le gustaba menos aquella chica.

-Hemos avanzado mucho más de lo que esperábamos. -Empezó a decir el héroe. -Los monstruos de esta zona no aparecen, y hemos podido volver a la velocidad habitual.
-¿Por eso llegamos antes? Pensé que llegaríamos a la noche.
-Si hubiésemos seguido como ayer, hubiéramos llegado por la noche, es cierto. Pero parece que los monstruos han estado bastante tranquilos durante toda la mañana.
-¿Parece? ¿Acaso no lo habéis comprobado? -Preguntó extrañada Ember.
-Es una manera de hablar.
-Oh...

La chica se extrañó. Por mucho que viviera con los seres humanoides seguía sintiendo extraño el modo en que se comportaban o hablaban, dando a entender cosas que no son literalmente ciertas. Se encogió de hombros y se levantó completamente.

-Entonces ya estoy lista para enfrentarme al Maestro.
-Espera... ¿Estás de broma? -Preguntó extrañado Kain.
-No suelo hacer bromas. -Contestó ella perpleja.
-No vas a ir directamente a ver al Maestro de los Espers.
-¿Por qué?
-¿Recuerdas que primero debes hablar con la reina?
-Si... ¿Y?
-Que tendrás que ponerte algún vestido más apto para encontrarte con ella.
-Fui con este mismo atuendo a ver al rey Cecil y no me dijeron nada.
-Porque era de noche y era extraoficial, pero ahora vamos a hacer una visita frente a varios nobles. -Kain se apartó un poco y tomó el pomo de la puerta con su mano. -Toma alguno de los vestidos que hay en ese arcón y póntelo.

La chica, molesta por la actitud altanera del dragontino, abrió el baúl para observar la ropa y el espejo que había en la tapa de este, escuchando de fondo la puerta cerrarse para dejarla sola. Suspiró y sacó uno de los vestidos, de color morado con lazos verdes en los hombros. Era largo y distinguido, y bastante bonito, pero la chica hizo una mueca... Si tenía que luchar con ese vestido podía darse por muerta.

Se quitó la ropa rápidamente para perder el mínimo tiempo posible, pero se miró en el espejo desnuda. Suspiró al notar algunas de las pocas cicatrices que aún tenía, y al girarse, una sombra de tristeza cruzó su rostro cuando observó dos grandes cicatrices en los omoplatos. Suspiró recordando lo que le habían dicho hace tiempo.

Se vistió cuidadosamente mientras recordaba aquel grupo de bardos y bailarinas con los que viajó durante bastante tiempo. Por aquel entonces ella tenía la forma de una niña de menos de diez años, pero siempre la trataron como a una más... fue de los pocos momentos en los que se sintió a gusto con la gente. Pero esas personas también crecieron, se casaron, tuvieron hijos... Y uno de esos niños le dijo que parecía un pájaro al que le habían arrancado las alas. Fue entonces que decidió volver a vivir por su cuenta. Para encontrarse a sí misma... y alejarse de esos comentarios.

Terminó de atarse el vestido, se acomodó los zapatos, y verificó que en su equipaje todo estuviera en su sitio, guardando el libro, su látigo, su daga y su ropa de campo. Se echó la bolsa al hombro, tomó su bastón y salió del cuarto para llegar a la cubierta de la nave. El sol en la cara le golpeó con fuerza y la obligó a cerrar los ojos hasta acostumbrarse, y se encontró con varias personas trabajando con fuerza, aunque veía como se estaban a punto de internar en una densa bruma. Se colocó al lado de la pared y observó a la gente trabajar, viendo cómo se guiaban perfectamente dentro de la niebla, hasta que un golpe fuerte hizo saber que habían tomado tierra.

Esperó un rato hasta que escuchó cómo los pasos de la gente empezaban a desaparecer por un lado, y con sumo cuidado fue hasta el mismo lugar, donde encontró la pasarela para descender del barco volador. Cuando miraba abajo sintió el peso de la mano de alguien en su hombro, y al mirar se encontró al héroe de Baron con rostro algo triste.

-¿Os ocurre algo? -Preguntó ella.
-Recordaba el pasado. -Dijo él acompañándola por la pasarela. -Cuando conocí a esos muchachos.
-¿En la guerra?
-Si, en la guerra.

Llegaron a suelo firme, echo de piedra oscura, y caminaron algo más mientras esperaban.

-¿Cómo era la reina? -Preguntó ella con curiosidad.
-Cuando la conocí era apenas una niña. -Empezó a hablar el dragontino. -Teníamos la misión de matarla, pero por circunstancias adversas no se hizo... No la volví a ver hasta que pasaron unos meses, y había cambiado mucho... Creo que tendría poca más edad de la que tú aparentas. Y conocí también a Edge... quiero decir, al rey Edward. -Suspiró mientras empezó a caminar. Ember lo empezó a seguir. -El rey ninja nunca me perdonó lo que hice, ni siquiera después de que se demostrara que no fui yo exactamente... Aunque Rydia siempre fue más comprensiva, creo que su marido nunca llegará a perdonarme, aunque si que confía plenamente en mí.
-Ese es un pensamiento muy negativo. ¿No te parece? -Dijo ella pensativa. -De todos modos, no soy quien para juzgar. Nunca he tenido compañeros de ese tipo...

Ambos se quedaron callados mientras entraban en la ciudadela. La bruma cubría casi todo el lugar pero permitía que los rayos del sol penetraran para que pudiera verse en las calles de la ciudad. Había gente caminando de arriba para abajo, riendo y cantando al son de la música para las festividades que no habían terminado aún, aunque con un vistazo rápido la invocadora pudo ver que no había guardias por las calles, ni soldados por ninguna parte mientras caminaban al lado de la gente. Lo único que podía ver a través de la bruma era las formas de las personas y las sombras de los que se movían.

Espera... ¿Sombras que se movían?

Empezó a sentirse inquieta, se sentía observada por varios pares de ojos y ni siquiera habían dejado atrás el olor salado del mar. Continuó caminando aferrándose a su bastón, preparándose por si tenía que luchar, y mirando a su acompañante. Extrañamente, Kain no parecía para nada afectado, aunque sus pasos los estaban conduciendo a una parte alejada del bullicio. La chica sabía que se había dado cuenta, y se preparó, maldiciendo al dragontino por haberle hecho ponerse ese incómodo vestido.

El dragontino sagrado se detuvo. Sin duda los había visto, pero no adoptaba ninguna posición defensiva. Ember si lo hizo cuando vio que estaban rodeados por cuatro personas de idéntico atuendo negro y máscaras que ocultaban su identidad. Cuando el más cercano a Kain habló, sonó de una manera bastante neutral, sin poder identificarlo en ninguno de los dos sexos.

-¿Quién sois?
-Soy Kain Highwind, Mano del Rey y general supremo de la armada dragontina de Baron, a las órdenes directas del Rey Cecil. -El héroe tomó de uno de sus bolsillos un pequeño pergamino y se lo tendió al guardia, que lo tomó y lo leyó.

Pasaron unos instantes silenciosos donde Emberlei intentó diferenciar a los que eran hombres de mujeres infructuosamente. El guardia miró de nuevo a Kain devolviéndole el pergamino, aunque con una postura más calmada.

-¿Quién os acompaña, maese Highwind?
-Ella es Emberlei Oakheart. -Dijo él, y la muchacha hizo una pequeña reverencia con la cabeza. -Soy su salvoconducto para poder viajar por el reino, y como has visto vengo de parte de su majestad el rey Cecil para presentarla a la reina.
-De acuerdo... Por favor, esperad unos instantes, en seguida vendrá un emisario con la respuesta.

La muchacha se giró para ver por donde se iría el mensajero, pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio que uno de los guardias había desaparecido mientras hablaba el dragontino con el que parecía jefe de guardias con tal sigilo que ni tan siquiera había levantado una ondulación en la niebla. Tal y como decía su nombre, los shinobis se desvanecían en las sombras.

Increíblemente para ellos su espera no duró más de veinte minutos, algo más o algo menos, pero igualmente ella levantó la vista sorprendida al ver aparecer, tras el guerrero con el que habían hablado, a otro vestido del mismo modo que le susurraba algo con rapidez. Y apenas unos segundos después se marchó de nuevo.

-Tenéis el permiso. -Les dijo finalmente el jefe de patrulla. -Seguidme.

Reemprendieron la marcha, a paso relajado pero constante, sin pronunciar ni una sola palabra. La comitiva la encabezaba el ninja que los había interrogado junto al mensajero, seguidos de Kain y la joven de cabello violeta. La cerraban los otros dos miembros de patrulla, a la vez que les guardaban las espaldas y dejaban todo en su lugar por donde ellos pasaban. Fueron diez silenciosos minutos donde el único sonido que se escuchaba eran las palabras y gritos de los aldeanos a lo lejos, hasta que atravesaron la ciudadela entera y llegaron a la entrada del castillo. El enorme portón era lo único que podían ver, y al abrirse ante ellos sorprendió a la chica nuevamente al no hacer ningún ruido.

-Por aquí, maese. -Dijo el guardia ninja indicándole con la mano uno de los pasillos.

Siguieron la indicación del hombre que los acompañaba para encontrarse con una decoración similar a la de Baron pero con el escudo de armas de Eblan: Dos ninjatos detrás de un shuriken. Kain comenzó a caminar sonriente, sabiendo a donde se dirigían, y los tres guardaespaldas se quedaron en la entrada, la cual se cerró detrás de ellos. El suelo estaba alfombrado con sencillez, pero con buen gusto y con grandes tapices. Lo que más extrañó a la joven fueron algunas ventanas que daban a pequeños cuartos sin ninguna puerta que llegara hasta ellos, ni símbolos de haber escaleras. Pero, siendo un reino ninja, nada más podía esperarse de ellos que escondites por todas partes y trampas ocultas en algún sitio. Finalmente llegaron a una sala bastante amplia, con una larga mesa en el centro y bancos a su alrededor, visiblemente habilitada como sala de espera. El ninja que los había guiado se detuvo, hizo una inclinación de cabeza, y se acercó a un guardia que custodiaba una puerta al fondo. Intercambiaron unas señas, y finalmente éste último cruzó la puerta y la cerró tras de sí. Su guía se volvió a acercar a ellos, hizo otra inclinación de cabeza, y encaró al general dragontino.

-Maese Highwind, ya conocéis como es esto, pero mi obligación es explicárselo.
-Tranquilo, me alegra que lo hagas. -Contestó el interpelado. -Además, ella puede necesitarlo. -Dijo señalando a Ember, la cual frunció un poco el ceño al sentirse como una ignorante.
-Gracias. Las normas son claras. Debéis de esperar aquí a que el chambelán os anuncie. Él os avisará de cuando os es lícito pasar. La reina o el rey os indicará cuando podréis levantaros, y si traéis alguna noticia de estado dirigíos a su majestad Edward. -Explicó con voz firme. -¿Necesitáis algo más?
-Decidle a alguna sirvienta que nos traiga una jarra de vino para entrar en calor, la bruma ha calado un poco en mis viejos huesos. -Pidió Kain con una sonrisa.
-Por descontado.

Se marchó dejándolos solos. No sabían ni tenían mucho de qué hablar, así que simplemente se sentaron a esperar, cada uno por su parte. La muchacha empezaba a sentir esos nervios que recaen de una espera incómoda, quería estar sola, pero sin el héroe de Baron no podría haber llegado ahí, así que tenía que soportarlo... Diosas de la magia, que poco le gustaba estar con gente en lugares tan cerrados. Miró al dragontino, el cual había sacado unos pergaminos y los estaba leyendo con tranquilidad. ¿Sería por la costumbre que sentía que ese hombre no tenía ni un ápice de nerviosismo? ¿Tantas veces había visto a reyes y reinas que ya se sentía como si fuera a ver a viejos amigos? Su comportamiento le extrañaba. ¿Acaso no se había dado cuenta de que estaba a punto de ver a una de las magas negras más poderosas, además de Alta Invocadora?

Unos minutos más tarde llegó una mujer con una bandeja con una larga jarra y dos copas. La dejó sobre la mesa y sirvió las dos copas con un líquido carmesí espeso que olía algo fuerte y desprendía algo de humo, dejando finalmente la jarra sobre la mesa y marchándose con la madera que usó para portarlo todo. Kain se levantó, cogió las copas, y se acercó a Ember.

-No bebo, gracias. -Rechazó ella cortésmente.
-Es solo para entrar en calor. Estamos muy al norte y Eblan de por sí es un país frío, aparte de desagradablemente húmedo. -Explicó él, insistiendo.
-Aun así. Ya tomaré algo cuando deba.

Kain no insistió más. Dejó la copa llena nuevamente frente a ella en la mesa y se sentó a seguir su lectura mientras tomaba la suya. La curiosidad invadió de golpe a la chica, preguntándose si el dragontino no estaría incómodo con aquella armadura plateada, tan diferente a la de los dragontinos normales. Esperaron aún diez minutos más hasta que la puerta se volvió a abrir, y un hombre algo mayor y bien vestido que asumió era el chambelán se asomó un momento para comprobar si aún estaban ahí. Emberlei se levantó, intercambió una fugaz mirada con su acompañante, pero él ya se había adelantado hacia la puerta. Al entrar ambos, vieron un corto pasillo que se extendía entre esa sala y la puerta de la sala de audiencias, donde el caballero esperó hasta que oyó que lo anunciaban.

-¡El General Supremo de la Armada Dragontina de Baron, y Mano del Rey, maese Kain Highwind!
-Entra, por favor. -Se escuchó la voz de una mujer en el interior.

El hombre rubio se dirigió con la mirada firme y pasos decididos saliendo de la vista de Ember. Empezaba a sentirse nerviosa. ¿Por qué ahora que él no estaba se sentía insegura? Escuchó el ruido de la armadura al tocar el suelo y después, un pequeño silencio.

-¡La joven Emberlei Oakheart, de Kolinghen! -Dijo de repente dándole un respingo a la chica.
-Ha venido conmigo. -Se escuchó la voz de Kain desde el interior.
-Que entre, pues.

Suspiró y reunió todo el valor que tenía, y avanzó con porte orgulloso hacia la sala de audiencias. Al entrar, pudo ver el lugar con claridad. En el suelo había una gran alfombra roja algo desgastada, donde el dragontino sagrado estaba agachado con una de sus rodillas en ella, y al final se podía ver una pequeña elevación donde estaban los dos reyes de Eblan sentados. Todo el orgullo que sentía se iba desvaneciendo con cada paso que daba frente a la presencia de aquella mujer. Le había pasado algo parecido con el rey de Baron, pero en esta ocasión era mucho más potente.

Los dos reyes de Eblan la miraban fijamente. Edward Geraldine, señor de Eblan, la miraba con ojos serios y grises. La edad ya se hacía patente en su rostro cubierto por su bufanda. Sus ropas negras y su capa rojiza simplemente eran ignoradas cuando mirabas esos ojos adultos. Por su parte, los ojos de su esposa, Rydia Geraldine, eran tranquilos y verdes como una pradera, conjuntando con su largo cabello y su elegante vestido. Se notaba una ligera diferencia de edad entre ambos reyes, siendo la reina visiblemente más joven que el rey.

Emberlei hizo una reverencia e igual que Kain, dejó en el suelo la rodilla y agachó la cabeza, cerrando los ojos. Sentía muchas miradas viniendo desde las sombras, algo que no le gustaba y le empezaba a resultar muy incómodo ser el centro de atención de tantos ojos.

-Levántate, Kain. -Dijo la reina Rydia con tranquilidad. Mientras el dragontino se levantaba, siguió hablando. -Nos alegra mucho tu visita. ¿Cómo se encuentran Cecil y Rosa? ¿Cómo están los niños?
-Se encuentran bien de salud, algo cansados por las celebraciones de la Ventisca de Plata. Alyssa y Erik están igual de alborotadores que siempre, y Ceodore está en Alexandría desde hace unos años, aprendiendo de las personas adecuadas. -Explicó el general con una sonrisa. -Aunque no es solo por él por lo que vengo hasta vuestro hogar.
-¿Qué es, pues?
-Primero, quisiera que estuviéramos los cuatro a solas. -Contestó el rubio con cautela mirando al rey Edward.
-¿Y eso por qué? -Intervino esta vez el rey, con más rudeza de la debida para demostrar sus sentimientos. -Confío en mis hombres, lo sabes.
-La respuesta es porque comparto algo con la reina. -Respondió Ember, adelantándose al dragontino, sin moverse de su posición. -Y no es precisamente el puesto de poder.
-¿Quién se cree esta niña que es para hablar fuera de tiempo, Kain? -Preguntó de nuevo el rey al dragontino, visiblemente molesto.

Cuando la de cabellos violetas fue a contestar, vio delante de su rostro una mano para que callara. No le gustaba acatar ese tipo de órdenes, pero se calló.

-Alguien que no sabe mantener la boca cerrada. -Contestó el dragontino serio. -Te pido disculpas.

La definición que hizo el soldado de Baron le puso de muy mal humor. ¿Quién se creía que era él para decir que ella no sabía mantener la boca cerrada? Estaba ahí porque ella lo necesitaba, nada más.

-El protocolo dice que hasta que nosotros no le demos la palabra, no debe decir absolutamente nada, Kain. -Continuó el rey Edward, ahora bastante molesto. -No has traído a alguien muy educado.
-Lo lamento, majestad.

Mientras los dos reyes hablaban con el dragontino, Ember iba encendiéndose más. Estaba cada vez más harta de esa conversación en la que la ridiculizaban y le hacían ver como una paleta sin estudios. ¿Qué se habían pensado esos dos hombres? Si cuando ellos no tenían ni pañales ella ya estaba conjurando hechizos y viajando por el mundo. Sus pensamientos iban cada vez más encaminados a poder vengarse de ese insulto, hasta que escuchó a la reina hablar en su dirección.

-Bien, muchacha. Levántate y mírame a los ojos.
-No es necesario. -Dijo Emberlei con un tono de tozudez bastante fuera de lugar. -Podéis notar mi poder desde donde estáis.

El silencio se hizo presente. Fue en ese instante en el que la joven invocadora notó que había dejado de sentir todas aquellas miradas que minutos antes la agobiaban tanto. Pero se percató de que la reina estaba bajando de su trono y se acercaba a ella. Cuando estuvo delante, pudo verle los zapatos y el final de su falda verde. La escuchó de nuevo hablar, esta vez con una voz mucho más decidida.

-Levántate.

El enfado con aquellas personas estaba superando su límite, pero decidió hacer caso de esa palabra, así que se alzó con la cara más impasible y orgullosa que le infundían el valor de la ira. Cuando estuvo cara a cara con la Alta Invocadora, sin embargo, notó el gran poder que provenía de ella, sentía la poderosa aura que le podía permitir invocar incluso al mayor de los Espers, al Sagrado Padre, Bahamut.

Y su determinación se rompió, porque sabía que, aunque bien podría tener el triple de su edad, era simplemente una aprendiza comparada con ella.

-Kain nos ha contado que necesitas algo de mí. -Empezó a hablar la reina. Cada palabra que surgía de sus labios era poderosa aunque gentil. -Que tienes mí mismo poder. Yo lo sé, pues lo veo en tus ojos. Así pues. ¿Qué quiere una invocadora de otra?

Ella tragó saliva, y pensó las palabras que debía usar antes de decirlas. No quería que le negaran el permiso.

-Majestad, siento haber sido ruda antes... -Empezó a decir la joven semi-ser. -Pero necesito saber si podríais dejarme ir a ver al Maestro Leviathán.
-¿Por qué?
-Quiero formar un pacto con él... -Empezó a decir ella, pero ante la mirada de la mujer suspiró. -Y pedirle que me ayuda a encontrar a alguien...

El silencio volvió a la sala, hasta que la reina asintió.

-Entiendo... -Le tomó del brazo y comenzó a caminar con ella. -Demos un paseo. Estos temas los tenemos que solucionar los de nuestra gente.

Cuando abrían una de las puertas, Ember consiguió escuchar a los dos hombres hablar sobre una reunión a la que ambos debían asistir.

Caminaron por algunos pasillos, tranquilamente, sin decir una sola palabra, hasta que en una de las puertas, una mujer mayor le tendió a la reina un chal algo grueso. Rydia se lo agradeció y, después de ponérselo, salió por la puerta a un gran jardín interior. En el tiempo en el que habían estado en el interior se había disipado la bruma, y ahora el sol entraba con algo más de fuerza, pero se notaba el suave frío que empezaba a hacer en esa época, una vez ya terminado el verano y estando tan al norte. El jardín, por su parte, parecía intemporal, como si nunca hubieran pasado una mala tormenta o algo parecido. La semihumana siguió a la mujer hasta un banco en mitad del jardín, a la escasa sombra de un árbol bien cuidado.

-¿A quiénes conoces? -Preguntó la reina una vez sentadas.
-A Ifrit, Shiva, al maestro Ramuh... Y chocobos. -Le contestó ella con algo más de tranquilidad. Al fin una conversación en la que no la tomarían como una inútil.
-A tu edad yo ya conocía también a Titán y al Dragón de Mist.
-Lo dudo. Como poco triplico vuestra edad.
-Triplicas mi edad... ¿Y solo conoces a esos cuatro? -Preguntó atónita la de cabellos verdes. -¿Cuánto hace que sabes de tu don?
-Hará casi sesenta años... -Dijo ella avergonzada. Ser reprimida por un hombre le bullía la sangre, pero sabía que la Alta Invocadora tenía razón.
-Tu talento está muy desperdiciado.

Se quedaron un momento en silencio. Emberlei pensaba en qué decir, en qué escudarse por el hecho de que solo tuviera en su haber a cuatro eidolones, pero no encontraba una respuesta satisfactoria en ninguna de las propuestas que formaba su mente, y la decepción en la voz de la reina le caló bastante. Decidió cambiar de tema.

-He oído que vos también crecisteis de manera anormal.

La reina la miró y asintió con un suspiro.

-Veo que la gente no sabe quedarse callada. -Con una sonrisa, la reina dejó su espalda en el banco para descansar. -En realidad el tiempo pasó de manera normal para mí, por la diferencia de planos... Bueno, puede que algún día lo veas por tus propios medios.
-Mi caso es opuesto. -Explicó la de ojos violetas. -Envejezco a un ritmo seis veces más lento de lo normal, como los Lunarian o los Elvaan, quizá algo más o algo menos. Pero si fuera completamente humana debería llevar unos veinte años muerta.
-Ese es un pensamiento muy pesimista. -Rydia sacudió la cabeza, produciéndole una sensación de déja vù a la joven. -Todo tiene una razón de ser, incluidas la vida y la muerte. Alguien entregó la suya por mí, y creo que de no ser por ello nadie me conocería, ni habría llegado hasta donde estoy ahora. -Se quedó un momento en silencio. -Tienes que hablar con el Maestro Leviathán. El sabrá que decirte.

Ember se mantuvo en silencio unos instantes antes de formular su siguiente pregunta.

-¿Con "donde estoy ahora", os referís a vuestro puesto en la corte?
-No. Me refiero a mis títulos de Archimaga y de Alta Invocadora.
-Os pido disculpas. -Contestó Emberlei inmediatamente. -La verdad, cuando oí sobre vos hará tres años, os presentaban como todo un prodigio de la magia.
-A veces tener tanto poder no es bueno... -Comentó la reina mirando al árbol. -A veces he llegado a echar mucho de menos mi talento para usar magia blanca...

El silencio se instauró durante unos pocos minutos. La semihumana cavilaba en cómo abordar el tema de ir hasta su objetivo, pero cuando la miró, vio que estaba pensativa. Cuando miró al frente, escuchando los pájaros del jardín, escuchó de nuevo también a la reina.

-Me recuerdas a alguien...
-¿Perdón?
-Oh, no es nada. -Dijo la de cabellos verdes. -En fin. Tendrás que esperar a que mañana tengamos listo a tu acompañante antes de...
-Esperad. -Interrumpió extrañada Ember. -¿Acompañante? ¿Mañana? Será una broma. ¿Verdad? Esperaba ir al crepúsculo a más tardar. Y por lo que me pueda decir el Maestro Leviathán es por lo que quiero ir... sola. -Las últimas palabras de ella surgieron llenas de vergüenza, sonrojando sus mejillas ligeramente.
-Irás con acompañante. -Dijo con decisión la reina. -Eso, o no irás. Tú decides. Todos los magos e invocadores hemos tenido a alguien que se ha ocupado de nosotros. Y tú no vas a ser la excepción, muchacha.
-Pero...
-No acepto réplicas, muchacha. -La voz de la mujer era directa, aunque sin un ápice de dureza. -No es que seamos muchos como raza, por lo que hemos de proteger nuestro don hasta pasarlo a las futuras generaciones. Afortunadamente cada vez hay más, pero eso no significa que no tengamos que cuidarnos ante un declive.

Emberlei no se atrevió a replicar. Tenía razón, era indudable, pero se sentía extraña... Extrañamente pequeña. Teniendo en cuenta que aquella mujer era por mucho más joven que ella, a pesar de todo, tenía mucho más porte, más sabiduría y más experiencias acumuladas. No podían compararse la una a la otra.

Volvieron al interior del castillo en silencio, con tranquilidad, sin comentar nada más. Quizá alguna observación aquí y allá sobre la moda en el exterior, de la que ninguna tenía idea, o sobre la decoración del interior. Al poco rato, sin embargo, Rydia se aproximó a una anciana sirvienta que por allí estaba.

-Que preparen dos habitaciones: Una para esta muchacha y otra para maese Kain, que ha venido a traer noticias del exterior. -Ordenó con simplicidad.
-No es necesario, majestad. -Intentó rebelarse Ember una vez más.
-Si no descansas no tendrás todas tus fuerzas mañana. Y créeme que las necesitarás. -Le contestó segura de sí misma la de cabellos verdes. -Y si sigues insistiendo, te negaré el acceso al Templo.
-Con su permiso, mi reina. -Se despidió la anciana con una inclinación de cabeza, para después marcharse.
-Creo que os preocupáis demasiado. -Objetó la de cabellos violetas mirando a la sirvienta alejarse.
-Y yo creo que tienes que ser más paciente, más flexible y reponerte. -Contestó la mujer caminando de nuevo. -A parte de pensar que aún debemos arreglar todo para que podáis entrar al templo.

La chica suspiró, sabiéndose derrotada.

-Está bien. No puedo rebelarme contra una reina, ni contra una Alta Invocadora. -Dijo la invocadora al fin.
-Dices que tienes el triple de mi edad. -Habló la reina mientras caminaban hacia un largo pasillo. -Pero, igual que todos los que tenéis una larga vida, actúas en función a tu edad física.
-Disculpad, pero no creo que parezca una cría hablando precisamente. -Contestó la interpelada algo molesta.
-Hablando no... Los que vivís muchos años tenéis la facultad de vivir muchas experiencias... -Se detuvieron al lado de una puerta donde la anciana de antes estaba detenida. -Pero maduráis a un ritmo más lento si no os relacionáis. Los Elvaan y las Viera son expertos en este asunto, mientras que los Enanos maduran de manera natural. Deberías aprender de ellos.

La chica se quedó pasmada mirando los ojos verdes de la hechicera, y tragando saliva le preguntó.

-¿Por eso me ordenáis llevar un acompañante?
-No. Llevas un acompañante porque eres una maga, y la magia nunca puede hacerlo todo. -Contestó con una sonrisa tranquila la mujer. -Y ahora, si me disculpas, tengo algunos asuntos de estado que atender. Se te traerá la comida que precises a la hora que necesites, solo pídelo a alguna de las sirvientas con educación. Mañana enviaré a alguien a que te despierte para presentarte a tu guardaespaldas.
-Entiendo. -Respondió la semihumana viendo como la mujer se empezaba a alejar. -Solo una duda, antes de que os marchéis... -La de cabellos verdes la miró extrañada. -Antes, cuando hablasteis de las futuras generaciones... ¿Teníais un motivo en particular para decirlo?

Rydia sonrió abiertamente, sin responder a la pregunta, y se marchó. Sin embargo la chica entendió, y despidiéndose con una respetuosa inclinación de cabeza, entró en la habitación que la anciana le había preparado. El hijo de la Alta Invocadora seguro heredaría su habilidad, pero ella... ¿De dónde la había obtenido? Su madre era una humana normal y corriente, no podía haber una mujer más corriente que ella, por tanto...

-Por tanto... -Dijo en voz baja sentándose en el escritorio. -Él tendrá que serlo.

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En otro lugar, esa misma mañana despuntaba haciendo brillar el carmesí casco del Sueño Santo. La primera en despertar fue Ylenia, que se encontraba sentada en el mástil de la nave mirando el cielo. Cerraba y abría los ojos con esfuerzo, hasta que sacó de su zurrón un estuche pequeño con unas gafas de fina montura. Se las colocó y, sacando ahora un libro sobre los templos, empezó a leerlo.

El siguiente en salir del camarote fue Ankar. Este llevaba también todo su equipo, y se dirigió a la borda del barco volador. Colocó las manos en la madera y miró el mar de nubes que se extendía ahí abajo. Siempre había visto ese mar con todo el respeto que su madre le había inculcado, y ahora que no estaba con él sentía sus enseñanzas con más fuerza. Se giró y se sentó en el suelo, buscando algunas cosas en su zurrón.

Sacó un pequeño estuche y una pequeña pulsera de cuentas echas de madera azulada, aunque incompleta. Al abrir el estuche se pudo ver dentro varias herramientas para cortar madera, piedra o joyas, y varios tipos de hilos trenzados y de varios colores. Había también una bolsita que, al abrirla, cayeron en la cajita varias cuentas de colores brillantes. Sonriendo, el dragontino tomó una de color azul, igual a la pulsera, y la colocó en ella.

Unos pasos hicieron que levantara la cabeza de su actividad para encontrarse con Ylenia, que lo había visto y había decidido acercarse. Llevaba sus gafas todavía puestas en la cara y en la mano el libro con un dedo colocado para no perder la página. La saludó con una sonrisa.

-Buenos días.
-Buenos días. -Contestó él sin dejar de trabajar. -¿Has dormido bien?
-Nunca suelo dormirme del todo. -Explicó la mujer sentándose al lado del albino, apoyando su espalda en la madera de la nave. -Nunca se sabe cuándo puede haber una emboscada. -Le miró mientras ataba la pulsera. -¿Qué haces?
-¿Esto? -Preguntó Ankar mostrándole la pulsera. -Es una pulsera de cuentas.
-Sí, eso me lo imagino pero... ¿Por qué la haces? No das la impresión de tener ese tipo de pasatiempos.
-Me ayuda a ordenar mis ideas. -Explicó el chico mientras miraba la alhaja. -Para un telépata es esencial aprender a cerrar tu mente, y con esto puedo hacerlo de una manera más sencilla.
-Quieres decir que, como tu mente está ocupada con la manufacturación de las pulseras, tus pensamientos internos no surgen. ¿No es así?
-Algo así. -Dijo él y la miró. -Además, te ganas un dinero de esta forma. Pero a ti te noto tensa. ¿Acaso esperas algún ataque?
-No me gusta relajarme. -Contestó ella suspirando.
-Deberías.
-Tampoco sabría cómo hacerlo. -Dijo ella con una sonrisa algo forzada.

Ankar la miró serio, y después miró la pulsera.

-Toma. -El albino le tendió la mano con la pulsera y se la dejó en ella.
-¿Qué quieres decir con "toma"? -Preguntó extrañada ella mirando alternativamente a su compañero y a la pulsera.
-Te servirá para relajarte. -Explicó con una sonrisa. -Me lo enseñaron de pequeño. Cuentas una por una las esferas, mientras las vas tocando con los dedos. Cuando te des cuenta, ya estarás más tranquila.

Ylenia miró el objeto en cuestión y sintió como la sangre se le subía a la cabeza, haciendo que se pusiera colorada. Dejó el libro en el suelo y empezó a acariciar las cuentas una por una. Aquel trabajo no era de aficionado, era de alguien que había perfeccionado su arte desde hace muchos años, porque aunque notaba que era de madera lacada en azul, podía sentir la suavidad que solo un maestro podría dejar en ellas. Algo temblorosa, se colocó la pulsera en la muñeca derecha y vio como brillaban con la luz del sol.

-No... no sé qué decir... -Empezó a decir ella muy nerviosa. -Es... no se... un detalle de tu parte... Muchas gracias...
-No tienes por qué darlas. -Contestó Ankar mientras sacaba un largo collar con muchas cuentas. -Las hago por afición desde que era un crío. Las importantes las hago sobre pedido.

Ylenia dejó de observar la pulsera inmediatamente al ver el brillo de las cuentas del collar que acababa de sacar su compañero. Dos colores, el azul marino y el rojo fuego, eran intercalados en cada cuenta de aquel extraño accesorio. No estaba terminado, al menos eso pensó ella al ver como lo colocaba encima de la cajita de herramientas. El brillo de las esferas era, sin embargo, embaucador.

-¿Un collar?
-Así es. -Dijo él sacando una esfera azul todavía algo picuda. -También los hago.
-¿Qué material es? -Preguntó curiosa la mujer. -No parece del mismo que el de la pulsera.

Ankar sonrió y, de su zurrón, sacó una placa pequeña de color azul marino para mostrársela. Ylenia guardó su libro en su propia bolsa y tomó la placa, mientras que el hombre tomaba una herramienta que ella no había visto en su vida y empezaba a darle forma a la esfera.

La placa era, ante todo, caliente. Lo notaba desde la yema de sus dedos al acariciarla. Estaba algo desgastada pero en perfecto estado, y no parecía un metal ni una piedra exactamente. Era plana, pero tenía la certeza de que si la arrastrara por el suelo de madera dejaría una marca en él.

-No reconozco el material. -Dijo Ylenia mirando a Ankar. Este estaba haciendo fuerza para que una aguja entrara en la cuenta que estaba haciendo. -Pero por lo que veo, no es precisamente blando.
-Estas cuentas están hechas de escamas de dragón. -Explicó él al soplar la cuenta y mirarla, asintiendo.
-No es un material muy común. -Dijo ella sorprendida. -¿Dónde los encontraste? No son baratos precisamente.
-Para mí es algo simple de conseguir. -Contestó el albino hilando la cuenta en su collar, y haciendo un nudo para que no se perdiera. -Son escamas de mis padres. Azules por mi madre, Angelus, y rojas por mi padre, que se llama Iregore.

La sorpresa inicial se disipó al recordar que Ankar hablaba de aquella dragona como si fuera su madre. Sin embargo, lo que le sorprendió fueron las palabras que sonaron de repente.

-Así que también tenías un padre.

Al alzar la vista, se encontraron con Dreighart sentado delante de ellos con las piernas cruzadas en posición de flor de loto. Llevaba la capa algo apretada al cuerpo, pues a esa altura era normal el frío mañanero.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí sentado? -Preguntó curioso el dragontino.
-Más o menos desde que sacaste el collar. -Contestó el peliazul sonriendo. -Soy bueno ocultando mi presencia.
-Sí, me he dado cuenta. -Riendo, Ankar empezó a guardar el largo rosario en la bolsa. -Pero con tus compañeros deberías ser un poco más ruidoso.
-Supongo que tienes razón. -Dijo él sonriendo.

Los tres rieron un poco.

-¿Se ha despertado Onizuka? -Preguntó el albino.
-No que yo sepa. -El peliazul tomó una de las cuentas de la cajita de herramientas y la observaba a contraluz. -Oye, Ankar, este es un trabajo de artesano. ¿Cómo aprendiste a hacerlo?
-Me enseñó mi madre. -Mientras explicaba, Ankar iba guardando las cosas. Le daba algo de vergüenza mostrar su pasatiempo a tanta gente. -Los dragones cuidan de sus escamas, y las que se caen pueden ser usadas por la gente.

El silencio se hizo algo pesado. Dreighart, con ojo de profesional, sabía que la pulsera que llevaba ahora Ylenia bien valdría un buen dinero en el mercado si todas las cuentas eran iguales a las que acababa de ver. La guerrera por su parte cambió su semblante a uno algo más serio.

-¿Puedo hacerte una pregunta, Ankar? -Dijo el ladrón cuando el albino había guardado todas las herramientas. Ante el asentimiento de su compañero, prosiguió. -Es algo extraño que consideres a Angelus como... bueno... como tu madre.
-Sí. ¿Verdad? -Contestó él sonriendo. -En realidad no es mi madre biológica. -Mientras explicaba, tomó la escama que le había dejado a Ylenia y la guardó en su zurrón junto al resto de objetos. -Creo que nací en Lix, pero Angelus e Iregore me encontraron en las montañas de Nibel.
-Esas montañas son la cordillera que se extiende hasta donde la vista alcanza al sureste de Baron. -Comentó Ylenia mirándole. -Hay leyendas que dicen que desde ahí aparecen espíritus y demás fauna espectral.
-Pamplinas. -Contestó el albino. -Me crie ahí y no he visto nunca ni un solo fantasma. -Ankar cerró su zurrón y se levantó del sitio. La guerrera hizo lo mismo. -Aunque puede que hayan habido fantasmas antes de que yo naciera, mi madre nunca me comentó nada al respecto ni a mí ni a mis hermanos.
-Entonces, la consideras tu madre aunque no lo es. -Dijo el ladrón levantándose del suelo.
-¿Cómo llamarías a la mujer que te ha criado durante toda tu vida?
-Madre.
-Pues ahí está la respuesta. -Riendo, Ankar se acomodó el zurrón y se apoyó en la madera del barco.
-Tienes suerte de haber tenido una madre así. -La voz de la guerrera sonó algo apagada.
-¿Tú crees? -Ante la pregunta del albino, ambos compañeros lo miraron extrañados. -Es cierto que si no fuera por Angelus e Iregore yo no estaría ahora mismo en esta misión, ni en este mundo, ni nada... Pero hay un gran problema con que te críen los dragones.
-¿Problema? ¿A parte de ir volando día sí día también? -Dreighart lo miraba curioso. Desde que se conocían que quería saber más de esa extraña relación.
-Bueno... la verdad es que los que somos alimentados por la sangre y la leche de una dragona experimentamos un cambio bastante fuerte, eso si sobrevivimos. -El dragontino miraba a sus compañeros, bastante serio. -Sin tecnicismos... lo que le pasa a nuestros cuerpos es que se convierten en un humano con las características de uno de los antiguos Au´Ra, o Dragonkin. Longevidad, mejoría intelectual y física, cambios físicos visibles... Pero no nos convertimos en Au´Ra, si no en Semiespers.
-¿Y eso por qué?
-No sabría decirte, en todo el tiempo que llevo vivo no he podido encontrar ninguna referencia al porqué se hacen esos cambios.
-Espera... ¿Qué edad tienes? -Preguntó Dreighart extrañado.
-Dentro de dos años cumpliré un siglo. -La sonrisa de Ankar se hizo muy amplia al ver los rostros de ambos.
-¿Un siglo? ¿Estás de coña? Pero si pareces un humano normal.

Pero cuando fue a contestarle, una bocina empezó a sonar por el barco volador. La gente empezó a moverse sin parar, gritando e incluso llevando armas.

-¿Qué ocurre? -Preguntó Ylenia.
-La alarma de ataque enemigo. -Dijo Ankar sacando su espada. -Vamos a luchar.
-¡¿Dónde están?! ¡Pa mí! ¡Pa mí solito!

El grito hizo que todos miraran a la puerta para encontrarse a Onizuka preparado para la batalla. Los otros tres fueron corriendo hacia el centro de la nave, junto a otros soldados y tripulantes. El capitán de la nave empezó a dar órdenes.

-¡Capitán Wisdom, nos uniremos a la defensa! -Dijo con fuerza el albino.
-¡De acuerdo! ¡Mis hombres saben defenderse, espero lo mismo de vosotros!

Sin embargo, mientras sacaban sus armas, uno de los soldados señaló a estribor.

-¡Enemigo a la vista! ¡Parecen aves!

El grupo corrió hacia el extremo de la nave y miró a lo lejos, a los monstruos. Eran alargados y finos en la lejanía, con un cuerpo cilíndrico y varias protuberancias en las alas. Parecía que tenían un cuerpo brillante desde donde estaban. Miraron hacia proa y hacia popa, y pudieron ver sendos monstruos acercándose al barco volador.

-Esos pájaros no son normales... -Comentó Onizuka haciéndose visera con la mano.
-Tienes razón. -Ylenia, cimitarra en mano, miraba junto a él hacia los seres. -No mueven las alas para volar.
-De esos datos nos ocuparemos después. -Dijo Ankar con su espada preparada. -¿Estáis preparados?
-Ankar. -El samurai se giró y tomó con la mano libre el brazo del albino. -No uses tus habilidades saltarinas aquí, el salto de los dragontinos puede ser peligroso.
-Lo sé, lo sé, tranquilo, no soy idiota.
-Te darías la santa ostia si cayeras al suelo. -Dijo el pelirrojo riendo mientras comenzaba a correr con su espada de fuego en la mano, en dirección al centro de la nave. -¡Y no tengo espátula para sacar tus sesos de la tierra!

El albino sonrió mientras veía como sus compañeros se preparaban a su lado, con las armas en las manos de todos. Miró al frente para ver como el extraño monstruo se acercaba. Un fuerte sonido de aire les llegaba a sus oídos con mucha energía, y el viento hacía que sus capas y cabellos se movieran con violencia. El monstruo tenía un color gris metalizado, con la luz reflejándose en ese plumaje tan extraño, pero lo que hizo que todos se pusieran en guardia fue que una de las protuberancias que se veía desde las alas se movió y saltó encima del barco. Al mirar, se encontraron con una especie de lobo, de pelaje gris oscuro, y un tercer ojo en la frente. Sus fauces, además, lucían dos grandes colmillos que sobresalían amenazadoramente.

-¡¿Qué penes es esto?! -Gritó Onizuka, pero en el momento en el que lo decía, el monstruo saltó hacia delante en dirección al samurái, con las fauces abiertas y amenazadoras.

El pelirrojo se contorsionó hacia atrás, apoyó las manos en el suelo y golpeó con las piernas en el estómago del lobo, consiguiendo que este saliera disparado hacia arriba y saliendo de la nave. Onizuka se levantó del suelo de un salto y se colocó en guardia. Habían caído varios lobos más, algunos de los cuales ya golpeaban a los tripulantes.

-¡Se está rifando una paliza! -Gritó Onizuka comenzando a correr hacia proa. -¡Y vosotros tenéis todas las papeletas!

Ankar no tuvo nada que decir. Ylenia se había precipitado hacia popa, mientras que Dreighart seguía al pelirrojo con la daga en la mano. El dragontino, espada en mano, observó cómo varios lobos saltaban cerca de él y gruñían.

-Vamos, puede que sea divertido... -Dijo Ankar separando su espada serpiente y chasqueándola en el suelo cual látigo.

Por su parte, la guerrera subió las escaleras de dos en dos, esquivando a los soldados que luchaban contra algunos lobos, y al llegar a la popa, pudo ver como una de esas aves metalizadas estaba justo detrás de ellos, a muy corta distancia, sin ningún movimiento de alas y con varios monstruos encima.

-Esto... esto no son seres vivos... -Susurró para sí la mujer.

Pero su sorpresa fue corta, pues uno de los lobos que habían caído en el barco aulló mientras corría hacia ella. Ylenia se giró y se puso en guardia. El monstruo saltó hacia ella, pero la mercenaria saltó aún más que él, dando una vuelta en el aire y cortando la espalda del ser con su cimitarra, haciendo que saliera un gran chorro de sangre hacia el exterior. La mujer cayó con sus dos pies con el tiempo justo para ver como otro lobo saltaba hacia su brazo. Ylenia dio un salto hacia la izquierda, alzando su cimitarra y descargando un fuerte golpe que hizo que la sangre del animal saliera a borbotones, manchando su ropa, su rostro e incluso sus gafas.

-Maldita sea... -La mujer se quitó las gafas y las guardó en uno de sus bolsillos, mientras se quitaba la sangre de la cara con la manga de la mano armada. Al mirar de nuevo, vio como uno de los lobos estaba mordiendo con fuerza uno de los mástiles del barco que sujetaban las grandes velas y hélices.

Corrió hacia él y, con fuerza, le propinó una patada que hizo sonar algunos huesos rotos, y en el aire atravesó el cuerpo con su arma. Un brillo argénteo empezó a rodear al lobo, haciendo que una débil escarcha saliera de la herida. El monstruo soltó algunos gemidos mientras Ylenia caminaba llevándolo ensartado y congelándolo poco a poco, dirigiéndose hacia popa. Cuando estuvo en el borde del barco, subió a la barandilla de seguridad y miró atentamente al animal metalizado.

-Debo saber qué pueden hacer...

Movió la espada con lo que ya era casi una estatua de hielo, y la lanzó hacia donde creía que era la cabeza del monstruo. No estaba lejos, así que pudo golpearle, haciendo que el lobo se partiera y rompiera como un cristal, con sonido incluido... Pero algo hizo que mirara. El hielo no tenía el mismo sonido que un cristal partido.

El ave se movió bastante a los lados, y mientras Ylenia miraba como se separaba y se alejaba, pudo ver como en la cabeza había algo parecido a cristal roto en el monstruo.

-Qué extraño...

Los chasquidos de la espada serpiente del dragontino sumados a dos o tres lobos caídos hacían que los animales se quedaran apartados. Uno de los lobos gruñó al ver como Ankar volvía a unir los pedazos de su espada, y cuando el animal se abalanzó hacia delante, el albino brincó hacia la pared de los camarotes, colocó las dos piernas en la superficie y saltó hacia el lobo. Pasó a su lado cortándole en los ojos con la espada, dio una voltereta en el suelo y se puso de nuevo en guardia. Otro lobo había saltado hacia él desde una cubierta más alta. El dragontino colocó la espada en vertical y la alzó, girando un poco la mano. La hoja se separó y atravesó al monstruo antes de que llegara al nivel de la cubierta superior. Ankar bajó la espada e hizo caer al animal soltando una gran cantidad de sangre que le manchó la ropa.

-Ala, ya estamos manchados... espero que pueda limpiarlo en...

Se interrumpió al sentir un fuerte viento que le obligó a cerrar un poco los ojos, y al ver como había oscurecido de repente. Miró hacia arriba para descubrir como una de esas extrañas aves estaba justo por encima de ellos. Los pasos de alguien hizo que se girara en guardia, solo para encontrarse al capitán de corbeta del barco armado con espada y escudo.

-¡Esto es una locura! -Gritó Wisdom tapándose el rostro con el brazo del escudo. -¡No he visto monstruos así en mi vida!
-¡Yo tampoco, me escama todo esto! -Gritó el dragontino.

Las explosiones de los cañones a babor y estribor se empezaron a escuchar. El sonido de un fuerte estallido se escuchó al oeste, y cuando miraron vieron como una de las aves metalizadas desprendía algunos bultos de sus alas y su cuerpo al vacío, mientras que se alejaba con fuego y humo en el costado.

En proa, por su parte, las carcajadas de Onizuka hacían que los lobos le atacaran en masa. Cortaba, golpeaba y lanzaba por la borda a cuanto monstruo se encontraba con su espada de fuego, la cual dejaba salir llamas de vez en cuando.

-¡Onizuka, detrás de ti!

El samurái tomó con ambas manos su katana de fuego, se giró y lanzó su ataque en el momento en que dos animales saltaban encima de él.

-¡Yon shin!

Se volvió un torbellino de fuego atrapando a los dos monstruos. Cuando se detuvo, miró el resultado satisfecho. Dos lobos carbonizados y llenos de cortes que caían al suelo.

-¡Vamos Dreight! -Gritó él viendo como el ladrón saltaba desde un lobo que acababa de acuchillar en el lomo hasta él.

El peliazul se colocó espalda con espalda junto al pelirrojo, jadeando un poco por el cansancio y por la falta de aire a esa altura.

-¡¿Alguna vez viste monstruos como estos?!
-¡No, pero eso no es lo que más me extraña! -Contestó Onizuka mirando hacia los lados. -¡¿Has visto los bultos de los pájaros?!
-¡Sí!
-¡Algunos parecen humanos!

Dreighart cortó el hocico de uno de los lobos e hizo que huyera y miró hacia el lado donde antes había avistado al monstruo volador, pero ya no estaba ahí, parecía que había sobrevolado hacia arriba, por encima del Sueño Santo, con todo el sonido de viento en sus oídos e impidiéndole que viera bien.

-¡No veo nada, está encima de nosotros!

Onizuka golpeó a otro animal enviándolo a las nubes fuera de la nave y miró hacia arriba. Luego guardó su gran katana de fuego a su espalda para girarse hacia el peliazul y tomarle del hombro. El chico lo miró extrañado.

-¡Va a ser hora de que aprendas a volar!
-No... por favor...

Pero la súplica de Dreighart no fue escuchada, pues sintió como su compañero lo tomaba del hombro con una mano y de la cintura con la otra, y lo levantaba en el aire. Le dio el tiempo justo para guardar la daga en su cinto antes de que empezara a dar vueltas para tomar impulso, y el pelirrojo gritara.

-¡Dreighartdoken! -Lanzó al ladrón con fuerza hacia arriba, en dirección al monstruo volador. -¡Mira a ver si son personas o no!

Dreighart voló hacia arriba, entrecerrando los ojos por el fuerte viento, y pasó por encima del ave de metal. Cuando la velocidad disminuyó, pudo mirar hacia delante justo en el momento en que una de las protuberancias se alzaba.

Era una persona, de eso no había duda, pero llevaba una armadura metalizada que se adaptaba perfectamente a su cuerpo, femenino en el caso de quien se había alzado, y con un casco que le cubría casi toda la cabeza, dejando solo los cabellos fuera, rubios, y tapando con unas lentes rojas los ojos. Esa especie de uniforme le resultaba familiar... En su posición se veía la sorpresa al mirar hacia el peliazul.

-Son humanos... -Dijo Dreighart, pero le interrumpió un golpe fuerte de metal contra metal dado al ave mientras él empezaba a dejar de subir. El chico lo miró, y pudo observar como había sido golpeada por la espada retráctil de Ankar, clavándose en el monstruo. Esuchó su grito telepático como si fuera lejano.
-¡Agárrate a la espada o caerás fuera!

Dreighart miró abajo y maldijo en silencio a Onizuka. Le había lanzado de mala manera sin darse cuenta de que el viento le movía hacia otra dirección, y él solo se dio cuenta ahora que sentía ese vacío que se siente en el estómago cuando caes de algún sitio alto. Con los brazos, sintiéndose estúpido, se impulsó hacia delante como si estuviera nadando. Afortunadamente consiguió caer encima de la superficie del ave dando una voltereta y quedándose con una rodilla y una mano tocándolos directamente. Al hacerlo, abrió mucho los ojos, pues ese tacto era el del metal trabajado, combinado con clavos y fuego. Estaba frío, helado, pero eso era metal, no era piel, no había duda.

Miró hacia delante para ver como la figura femenina que había visto antes se acercaba a él con una espada fina en la mano, y al estar a una distancia de combate, se quedó quieta estando en guardia.

-Por favor, no me obligues a matarte. -Dijo el ladrón mientras se levantaba de su lugar y sacaba su daga colocándose en guardia.
-Ed'c hudrehk bancuhym aedran... -Empezó a decir la mujer en su extraña lengua. -E's cunno pid E sicd gemm oui.

Al ver que Dreighart no entendió nada de lo que dijo, la chica negó con la cabeza y se abalanzó hacia él. Dio una estocada que el ladrón esquivó moviéndose hacia la derecha, y con la pierna golpeó al pie de la chica, haciéndole perder el equilibrio. Esta cayó de espaldas y perdió la espada, pero se alzó rápidamente de un salto y se puso en posición de combate con los puños alzados. El peliazul estaba preparado, pero escuchó la voz del dragontino de nuevo.

-¡Baja de una vez! ¡Se están retirando y mi espada no aguantará mucho más!

En la mente del ladrón se encendió una lucecita, y se colocó en posición de batalla. La chica saltó hacia él dándole una patada, pero él fue más rápido. Se agachó, esquivando así la patada, y golpeó con el puño en el estómago de su enemiga. La mujer se llevó las manos al estómago mientras que el chico le golpeó en la nuca, haciendo que cayera pesadamente al suelo, inconsciente. Dreighart guardó su daga y agarró a la chica, levantándola y colocándosela a la espalda, y se dirigió corriendo con ella a cuestas hacia donde había visto clavada la espada de Ankar, viendo por el camino la espada de la chica. La pateó hacia donde él se dirigía y, al llegar, vio la manera de bajar rápidamente.

Con el pie, colocó la espada de tal modo que estuviera encima de la espada de Ankar. Tenía suerte de que el dragontino había hecho que las partes separadas de la espada, que se unían entre si por una cadena, estuvieran de lado y no verticalmente.

El ladrón miró hacia atrás y vio como algunos de los demás humanoides del ave metálica estaban acercándose, pero muy lentamente. Parecía que no tenían las ideas del todo claras.

-¡Lo siento chicos, pero me tengo que ir!

Y dicho esto, empujó la espada del suelo, subiéndose encima y empezando a deslizarse por las hojas de Ankar.

-¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?! ¡Pensé que tendrías un poco más de cabeza!

La voz de la guerrera, enfurecida, hacía que tanto el samurai como el dragontino estuvieran nerviosos. Los tres estaban sujetando el mango de la espada de Ankar, aguantando con todas sus fuerzas el objeto. A lo lejos se veía la larga espada engastada en el morro de la bestia.

-Si quieres te contesto luego... -Comentó con un pequeño jadeo el pelirrojo. -Deja que retengamos al monstrenco ese.
-Ya viene... -Dijo secamente Ankar.

Los otros dos miraron hacia arriba, y vieron como Dreighart bajaba rápidamente con la espada de la chica en sus pies a modo de plataforma y con esta a su espalda. Cuando su sombra se proyectaba ya encima del barco, Ankar giró el mango de la espada, y las hojas se separaron del todo, volando hacia él y formando la espada de nuevo, a la vez que Onizuka tomó impulso y corría hacia donde caía el ladrón a la vez que Ylenia se dejaba caer al suelo de rodillas, sudando. Con un impresionante salto del pelirrojo, agarró al ladrón en el aire, tirándose en plancha y agarrándole antes de que cayera al suelo de la nave.

-Esto... Gracias... -Comentó el ladrón sorprendido.
-No hay de qué. Fue culpa mía que estuvieras allí. -Dijo el samurai mientras el chico se levantaba, y además le ayudaba a hacerlo al pelirrojo.

Dreighart sonrió y se sentó en el suelo para mirar el lugar. Las aves metálicas habían desaparecido, y los lobos que habían atacado habían sido eliminados. Los heridos estaban siendo atendidos por curanderos o con pociones mientras que los soldados sanos empezaban a limpiar la cubierta. Vio cómo se acercaron Ankar e Ylenia, con varias manchas de sangre en el cuerpo.

-¿Estáis heridos? -Preguntó extrañado.
-No, no es nuestra la sangre. -Contestó Ankar mientras sonreía. -¿Qué hay de ti?
-Nada, solo el susto.
-Y veo que trajiste un trofeo. -Comentó ahora Ylenia señalando a la chica inconsciente.
-Si... -El ladrón se dio un golpecito en la cabeza y se levantó corriendo hacia una de las cuerdas sueltas que había por el barco, y fue a atar las manos y los pies de la chica. -No son pájaros. -Habló mientras manipulaba las cuerdas. -Tengo la teoría de que son aeronaves.
-Creo que la altitud te ha dañado el cerebro. -Dijo Onizuka rascándose la cabeza. -Tú estás subido ahora mismo en una aeronave, y como ves, tienen forma de barco, no de pájaro gigante.
-Concuerdo con Dreighart... -La guerrera había sacado un pañuelo y se estaba quitando la sangre de la cara. -Cuando he lanzado algo al monstruo de popa, he visto como si su cabeza fuera de cristal. Puede que ahí tuviera el timón.
-Además, cuando subí allí arriba, pude sentir el frío del metal en mis manos. -Dando un tirón, el chico dejó bien atada a la capturada mujer. -También vi estrías de trabajo de metal e incluso clavos. Además, ahí arriba había gente... mucha gente.
-Entre ellos, esta chica. -Dijo Ylenia. -¿Verdad?
-Sí, la traje para ver si nos podía proporcionar información.
-Ey, eres bueno, chico. -La voz del samurái era tranquila y divertida, mientras que le pasaba el brazo por el hombro en actitud positiva.

Los cuatro miraron a la chica atentamente. Parecía que ninguno quería dar el primer paso.

-Ylenia, quítale el yelmo por favor.

Ylenia asintió a la orden de Ankar, y se agachó delante de ella. Empezó a manipular algunas correas, y con cuidado quitó el casco a la chica. El rostro de la chica estaba bien, sin deformidades o manchas, con un color bastante pálido de piel y bastante hermosa. Onizuka soltó un silbido de curiosidad.

-No está nada mal... pero tiene unos rasgos curiosos... no he visto nunca estas líneas.

Ylenia asintió, tampoco reconoció esos rasgos. Le colocó los dedos en el cuello para tomarle el pulso.

-Vive. Pero tiene el pulso algo irregular... -La mujer llevó sus dedos ahora a sus párpados para abrírselos, pero al instante soltó sorprendida.
-¿Qué ocurre? -Preguntó Ankar agachándose a su lado.
-Mírale los ojos... La pupila...

Mientras decía eso, Ylenia volvía a abrirle un ojo a la chica mientras el dragontino se acercaba.

Sus ojos eran verdes, pero la pupila era una espiral negra que se contraía a la luz igual que una normal.

-¿Qué demonios...?

La mujer soltó el párpado justo cuando la chica despertó. Soltó un soplido y con los pies intentó apartarse todo lo que pudo hasta que chocó contra la pared de madera.

-Tranquila, no te atacaremos. -Dijo Ylenia acercándose a la chica. -Solo queremos respuestas.
-Fro cruimt E yhcfan?

Los cuatro se quedaron perplejos.

-Ankar...
-Dime, Onizuka.
-Tu que tienes estudios... ¿Qué ha dicho?
-No es ningún lenguaje de por aquí. -Dijo Ylenia. -Y tampoco del continente del oeste.
-Si lo fuera, lo habría reconocido. -Contestó el samurái dolido.
-Y tampoco es del este. -Ankar se rascó la barbilla, extrañado. -Nunca escuché este dialecto. Es extraño.
-Ed'c hunsym, E's hud vnus drec funmt... -Volvió a hablar la chica suspirando.

Ankar hizo una señal y los otros tres lo siguieron, apartándose de ella, y se juntaron para poder hablar.

-Propongo que la desnudemos y le hagamos cosquillas hasta que hable nuestro idioma. -Dijo Onizuka moviendo los dedos como si fueran tentáculos. La mano de Ylenia le picó en los dedos. -¡Au!
-No seas idiota. -Contestó molesta ella. -Pero si apruebo un poco de tortura.
-Pero... ¿Le habéis visto los ojos? -Dreighart estaba mirando hacia la chica, preguntándose donde había visto esos rasgos antes, y se giró para mirar a Ankar.
-Eso no importa ahora... Primero deberíamos... -Pero el dragontino levantó su mano para imponer silencio.

Todos escucharon un gorgojeo, y se giraron hacia la chica. Vieron como de su boca salía un torrente de sangre, mientras se removía en su sitio. Onizuka saltó hacia ella, abriéndole la boca y haciendo que cayera más sangre desde su interior, manchándole la mano, pero el pelirrojo no se apartó. El samurái la miró a los ojos, unos ojos verdes llenos de lágrimas que lo miraban suplicantes. Con un movimiento, el pelirrojo sacó con su mano izquierda un pequeño estilete que guardaba en la bota, agachó la cabeza de la chica para ver su nuca, y se lo clavó en el cuello ante la mirada atónita de Dreighart e Ylenia.

-¡¿Qué coño haces?! -Gritó la mujer del grupo agachándose a su lado, pero cuando miró a Onizuka pudo ver un rostro serio y lleno de furia.
-Ahorrarle sufrimiento... -Le contestó sacando su cuchillo del cuello de ella. La chica ya no se movía, y ante la mirada interrogante de Ylenia, el samurái la miró. -Se ha cortado la lengua de un mordisco...


domingo, 9 de octubre de 2011

Peregrinos del Cristal: Onizuka Derakainu.

Y una nueva ficha. Vamos sacando personajes en orden de salida, por lo tanto aquí tenemos al loco samurai sediento de sangre y vino. Onizuka.


Nombre: Onizuka Derakainu, nombre real Onizuka Ryuutaro (En Doma ponen primero el apellido y después el nombre).
Edad: 22 años.
Lugar de Nacimiento: Doma.
Fecha de nacimiento: 28 de Crystaloshi del 3.877 d.N.
Raza: Poseído varón (Ascendencia Humana).
Clase: Samurái. 
Tipo de sangre: A-
Idioma: Clavat, Domés, Lenguaje Mágico y Salvaje.
Alineamiento: Caótico Bueno.

Afiliación: 
• Familia Real de Doma.
• Miembro del gremio de cazadores de demonios "Onimeken".
• Mercenario sin afiliación actualmente (sigue siendo miembro de su gremio).

Elemento Dominante: Fuego.
Mano dominante: Ambidextro.
Punto fuerte: Lealtad.
Signo Zodiacal: El Barco Volador.

Familia:

Madre: Onizuka Saya (Muerta en el parto)
Padre: Onizuka Ryuuho (Desaparecido, actualmente en Nilfheim).
Abuelo: Onizuka Ryuusuke (Apodado Yajorobais, Daimyo de Doma, Humano Kensei)
Pareja: Hono Ikazuchi (Diablesa de Fuego, fusionada con él perdiendo su forma física).
Mejor amiga de la infancia: Hoshi Sakura.
Mejor amigo: Ankar Einor.
Residencia: Anteriormente vivía en el palacio del Daimyo, pero después salió y no ha tenido una residencia fija.

Aspecto Físico:
Altura: 1´95 m.
Peso: 125 kg. Con armadura 130 kg.
Forma física: Corpulenta.
Cabello y vello corporal: Cabello largo por la parte derecha, tapándole el ojo derecho (Al estilo emo) pero de color rojo fuego. Perilla pelirroja en su cara no muy pronunciada, vello en los brazos, las piernas y el pecho algo abundante.
Color de Ojos: El derecho es verde hierba, el izquierdo dorado.
Rasgos faciales: Japoneses.
Rasgos especiales: Tiene algunas cicatrices repartidas en el cuerpo. En el brazo derecho tiene el kanji "Oni" tatuado. Tiene los músculos bastante desarrollados. El ojo derecho lo tiene tapado por un parche, además de por el pelo. Piel morena. En el estómago lleva una cicatriz que va de derecha a izquierda, símbolo de su seppuku fallido.

Carácter: 
Personaje rudo y fuerte, pero con un lado bonachón en el interior. Siempre está haciendo bromas y escapando de la muerte por ellas, y es muy mujeriego. Esconde algo muy oscuro, por eso hace tantas bromas. Bebedor empedernido pero nunca se embriaga. Tiene su propio código de honor al que sigue a rajatabla. Digno de confianza, una vez que da su palabra hace lo posible por cumplirla aunque le cuesta la vida.

Armas Principales: Una katana normal al cinturón y una nodachi llamada Honoikazuchi (katana de dos manos larga, el equivalente a un espadón) a la espalda, la cual suele soltar llamas si está desenfundada.

Le gusta: Las mujeres (preferentemente que sean guapas pero no le hace ascos a nada), el vino (Si es Sake, mejor), las peleas, fumar en pipa, ganar cualquier cosa, la amistad, el honor, su chocobo Highwind, Hono Ikazuchi.

Le disgusta: Que le corten el rollo cuando liga, el vino de mala calidad, el maltrato de niños, los esclavistas, perder en lo que sea, cazadores de demonios, los Alas Negras, los ornitorrincos.

Comidas Favoritas: Todo lo que se eche a la boca.

Comidas Odiadas: La comida podrida.

Debilidades: Que una mujer le dé pie. Que le inviten a un trago o a pelear. Ayudar a niños. Su forma de ver el Bushido.



Peregrinos del Cristal: Emberlei Oakheart.

Bien, otra vez estamos aquí para colocar una nueva ficha de personaje. Cronológicamente tenemos en este momento a Emberlei Oakheart, también conocida como "Ember". Espero que os guste.


Nombre: Emberlei Oakheart. La llaman "Ember".
Edad: 82 años reales, 15 físicos.
Lugar de nacimiento: Kolinghen.
Fecha de Nacimiento: 30 de Minervan del 3.817 d.N.
Raza: Invocadora mujer (Ascendencia humana).
Clase: Maga Negra.
Tipo de Sangre: AB-
Idiomas: Clavat, Lenguaje Mágico y Elezen.
Alineamiento: Caótico Neutral.
Afiliación: 
• Miembro de la troupe de juglares conocida como "Pinzones".
Elemento Dominante: Ninguno.
Mano Dominante: Derecha.
Punto Fuerte: Antisocial.
Signo Zodiacal: El Chocobo.

Familia:
Madre: Margaery Freir, luego llamada Margaery Colina. (Humana Descastada, muerta)
Padre: Desconocido por ella (Siegfried Fafner)
Hermanos: Una hermana llamada Eradien Fanfer (Invocadora Maga Blanca Cazadora de Tesoros).
Mejor amigo: Ella misma. No confía en la amistad.
Residencia: Actualmente no tiene una residencia fija debido a sus viajes, pero antes vivía en el telar de su madre, en Kolinghen.

Aspecto Físico
Altura: 1´59 m.
Peso: 60 kg.
Forma física: Delgada.
Cabello y vello corporal: Cabello lacio de color violeta, largo hasta arriba de la cintura. Sin vello facial ni corporal.
Color de Ojos: Color violeta oscuro.
Rasgos faciales: Ingleses.
Rasgos especiales: Suele tener expresión entre curiosa y aburrida. El color de la piel es algo pálido. En la espalda tiene dos marcas de nacimiento paralelas que se asemejan a cicatrices.

Carácter: 
Ultrarracional. Es directa y no pilla los dobles sentidos, así como tampoco se da cuenta de las formas de hablar de la gente, poco sutil, intransigente. Expresiones como "Parece que va a llover" cuando está empezando a llover ella no lo entiende, pues respondería "No, está lloviendo." O cosas así. Es independiente y bastante rencorosa, no cree en la confianza. Además, no soporta normalmente la compañía de los demás, y ve a todos como meras herramientas para llegar a su objetivo (incluyendo a los espers, a los que ella simplemente llama "eidolones"). Muy atea, no cree en ningún tipo de dioses y todo lo achaca a que todas esas cosas "sobrenaturales" son meramente sujeto a las leyes de la lógica y las fluctuaciones del maná.

Armas Principales: Un bastón de mago (Con una joya verdosa en el extremo alto) y una daga de carácter normal. 

Le gusta: La tranquilidad, la tolerancia, la magia, la educación  (aunque ella no lo profesa con los demás). Volar, entender las cosas (cuando quiere y le conviene). Los Eidolons. Los chocobos. La música de ópera y los teatros.

Le disgusta: Los elfos, los espacios pequeños y cerrados. Que hablen de ella como un monstruo. Que se metan en su pasado. El apellido "Colina". El sonido que hacen dos metales al chocar. Ser tratada como a una cría o alguien sin educación y que traten a los invocadores sin en el respeto que ella cree que se merecen.

Comidas Favoritas: Pasta con salsa de queso. Los dulces y las verduras.

Debilidades: Intenta siempre entender el comportamiento humanoide, el de las personas con una esperanza de vida menor a la suya, pero la mayoría de veces, aunque es muy inteligente, no lo comprende para nada.



martes, 4 de octubre de 2011

Peregrinos del Cristal: Ankar Einor.

Empezamos esta nueva sección sobre personajes con el primero que surge en toda la historia: El Dragoon Ankar Einor.

De momento están las imágenes que yo he hecho, puede que dentro de poco tengamos imágenes personalizadas n_n.



Nombre: Ankar Einor.
Edad: 98 reales. 25 físicos.
Lugar de nacimiento u Origen: Montañas de Nibel.
Fecha de Nacimiento: 17 de Ssa'Éxodus del 3.801 d.N.
Raza: Semiesper de tipo dragón varón (Ascendencia Genómido).
Clase: Dragontino.
Tipo de Sangre: A+
Idiomas: Clavat, Burmeciano y Dracónido.
Alineamiento: Legal Neutral.
Afiliación: 
• Capitán de la Primera División de Dragontinos del Ejército de Barón y Burmecia.
• Miembro del Gremio de Joyeros de Gaia.
• Propietario de la joyería "El Zafiro del Dragón" en Burmecia.
• Profesor de historia gaiana en la Torre de Magia "Colmillo de Montaña".
• Miembro de la nobleza de Burmecia con los títulos de Conde de la Casa Einor y Vizconde de la casa Wolfeng.
• Hidalgo en la comarca de Lix, como miembro del cuerpo diplomático de su país.
Elemento Dominante: El Rayo.
Mano dominante: Derecha.
Punto fuerte: Sexto sentido.
Signo Zodiacal: El Dragón.

Familia: 
Madre: Angelus Einor (Dragona Azul)
Padre: Iregore  (Dragón Rojo, difunto)
Hermanos: Engel Einor (Dragona Púrpura) y otros cinco hermanos, además de una hermana impuesta llamada Briggitte Heimdall.
Esposa: Ketriken Einor (Viera Draconarius Negra)
Hijos: Zelda Einor (Semiesper Viera tipo Dragón Azul, Monje Blanca), Cerea Einor (hija adoptada, Viera albina Pictomante Invocadora), Azalie y Lilith Einor (Semiespers viera tipo Dragon Azul, gemelas de 10 años) y Layla W. Einor (Hija adoptiva Lu´Cie maga blanca, no sabe que es ella)
Mejor Amigo: Onizuka Derakainu, y más tarde, Lomehin Nuitnight y Hassle Argel.
Residencia: Burmecia, en la joyería que tiene junto a su familia llamada "El Dragón de Zafiro".

Aspecto Físico
Altura: 1´85 m.
Peso: 105 kg. Con armadura 130 kg.
Complexión física: Entre atlético y corpulento.
Cabello y vello corporal: Completamente blanco, largo y liso, atado en coleta. Le llega hasta debajo de los hombros. No tiene barba, ya que se afeita. Pelo en pecho no muy poblado, pero tampoco vacío y tiene la forma de un dragón en perfil extrañamente de manera natural.
Color de Ojos: Verde esmeralda.
Rasgos faciales: Germanos.
Rasgos especiales: Tiene cicatrices por todo el cuerpo, la mayoría con forma de mordiscos o cortes. La más visible es la que tiene en la garganta que hace que no pueda hablar que va desde el cuello donde se encuentran las cuerdas vocales y llega hasta arriba del pecho cercano a la zona del corazón. Su color de piel es claro. En su brazo izquierdo tiene un tatuaje con la forma de un dragón enrollándose por el brazo y otro en el omóplato izquierdo donde se vislumbra un dragón cubriendo una nube y una luna en fase creciente.

Carácter:
Alegre y confiado con sus camaradas. Desconfiado con los que no conoce. Siempre da oportunidades, y tiene un fuerte sentido de la justicia y del honor, aunque lo basa en su propia forma de ver la vida. Se preocupa mucho por sus compañeros y por su familia así como también por sus misiones. Sus sonrisas suelen aparecer tímidamente, aunque siempre suelen ser de corazón.

Armas Principales: Una espada serpiente llamada Raikoken y una lanza sin nombre aún.
Le gusta: Su familia, mirar el cielo, trabajar en rosarios de cuentas y joyería, jugar a Triple Triad, leer libros antiguos, el olor y el sonido del mar y del viento, dormir.
Le disgusta: Lemnar, los cazadores de dragones, el olor a humo de tabaco, las estupideces de Onizuka, el sarcasmo pesado de Undine, perder al Triple Triad, que le despierten por tonterías.
Comidas Favoritas: Muslo de Zú con champiñones y salsa de aguacate, el dulce de chocolate.
Comidas Odiadas: El pescado con espinas y el picante.
Debilidades: Su familia, no puede evitar ayudar a quien lo necesite. Una partida de Triple Triad. Su honor y su deber.



Noticia del Mes de Septiembre de 2011

Bienvenidos un mes más a las noticias del mes de nuestro grupo. Empezamos.

  • Primera Noticia:

Llevamos tiempo sin publicar un capítulo, y eso se ha notado tanto en las visitas como en los pocos comentarios que se realizan. Sin embargo, aún sin haber colocado el capítulo pertinente, hemos llegado a la cifra de 586 visitas en el mes de Septiembre… igual, creo que también se debe a que en septiembre empezaban las clases y esas cosas xD. Pero siempre es bueno saber que nos siguen igualmente. Gracias a todos los que nos visitáis desde lugares tan curiosos como Canadá, India e Irlanda. Muchas gracias.

  • Segunda Noticia:

Enlazando a la noticia anterior, el capítulo octavo pronto estará terminado. Ha habido ciertos contratiempos para el editor (un servidor) que le han hecho imposible editar el capítulo tanto como quisiera, pero intentará hacer todo lo que esté en su mano para que todo vuelva a su cauce. No le lapidéis, por favor.

  • Tercera Noticia:

A partir de este mes empezaremos a hacer una sección especial conocida como “Peregrinos del Cristal”. En esta sección pondremos pequeñas fichas de personajes, estilo manga, con imágenes (si es posible) y datos importantes de los personajes. De momento tendremos imágenes básicas sacadas del Banner para que los lectores tengan una primera impresión de los protagonistas y secundarios. Espero comentarios sobre ello.

  • Cuarta Noticia:

Como habéis visto, hemos añadido cosas en el blog. De momento solo tenemos el traductor Al’bhed en la sección “Tesoros de Narshe”, mientras que hemos aumentado el número de entradas informativas con la entrada sobre las Clases de personajes. Pronto, cuando consiga todas las canciones de los personajes y de la historia, haré una entrada para la descarga directa que será para descargar la banda sonora. Espero que os guste.

Y de momento eso es todo, compañeros. Espero que tengáis aún un poco de paciencia para terminar este capítulo, que está lleno de cosas interesantes.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Clases

Bienvenidos una vez más a nuestras clases sobre la saga de Final Fantasy. Hoy hemos venido con una entrada de información sobre algo importante en este tipo de historias. Y eso es nada más y nada menos que…
En el universo de Final Fantasy hay muchas clases diferentes de personajes. Clases como Profesión, me refiero. Como hemos visto, tenemos las clases típicas… Guerrero, Ladrón, Mago… Pero… ¿Qué es una clase?
Cada personaje tiene una profesión, una clase, que le hace aprender sus habilidades, su código de vida, su forma de vivir… vamos, su existencia. En este post de información explicamos qué hacen las clases con una pequeña imagen de cada una de ellas. Además, explicaremos los puntos fuertes y los puntos débiles de cada profesión.
Hay que dar a entender que en una historia no es muy fácil colocar un personaje según la “clase”, pues cada personaje trabaja, lucha y/o vive según lo que ha decidido hacer con su vida. Sin embargo cada una de estas clases (Que no pondré todas si no un número reducido) dará una explicación básica de qué hace cada una en la historia.
Empezamos pues:

Arquero (Explorador, montaraz)

Expertos exploradores y cazadores avezados, los Montaraces tienen un agudo ojo para dominar las armas a distancia y de rastrear sus presas. No tienen una orden o un gremio, pero se ayudan entre ellos a no ser que las dificultades raciales se interpongan.

Desde siempre, esta clase ha estado muy valorada por los pueblos y lugares de difícil acceso, ya que se encargan de conseguir la comida de origen animal o monstruoso. Muchos cazadores se asientan en un pueblo y trabajando cazando animales para después venderlos, pero otros buscan aventuras, y se dedican a perseguir malhechores gracias a sus técnicas de caza. Otros sin embargo se dedican a cazar animales o monstruos por encargo, aunque algunos con pocos escrúpulos también aumentan el rango hacia las personas.

Muchos de los miembros de esta clase deciden en algún momento de sus vidas aprender otra profesión, aunque los más extendidos son los “Grandes Cazadores” y los “Cazadores Azules”, aunque también se convierten en poderosos rastreadores para las bandas de mercenarios. Se cuentan leyendas de que el mejor de los arqueros puede lanzar una flecha hacia el sol y pinchar la esfera dorada para caer esta envuelta en llamas

Bardo (Músico, Trovador)

Estudiosos, grandes cantantes y mejores escritores, esta clase se destaca por el hecho de que para poder ser un auténtico “Trovador” hay que estudiar en la Universidad de Alexandría o en la de Tycoon, mientras que los simples “Bardos” son aquellos que no tienen estudios pero están dentro del gremio de la Música. Son expertos también en historia y geografía, pues entre canción y canción aprenden la verdadera lección… y aprenden a moverse por los caminos.

Algo muy valorado en los Bardos es su conocimiento general y político, y también sus dotes personales y carismáticas, ya que muchos maestros son Bardos retirados de los caminos por alguna razón o motivo, ya sea por una herida de guerra que les impide viajar, porque se casaron, o porque simplemente se cansaron de dormir con la hierba como almohada.

Algunos, sin embargo, viajan de ciudad en ciudad por encargo de nobles o hasta de gente de la realeza. Para un Bardo ese es el mayor honor, e intentará acudir cuanto antes a esa cita.
Esta clase es prácticamente masculina, ya que es muy extraño ver Bardos femeninas. Sin embargo esta clase es enseñada en Tycoon, en Lix y en Elfheim también a las mujeres, que aunque de menor número no significa que sean peores cantantes, actrices o escritoras.

Berserker (Vikingo)

Guerreros expertos en batallas en todas sus expresiones, los Berserkers son una clase que vive por y para la batalla. Muchos de ellos adoran la batalla como parte de su enseñanza divina, pensando que eso les acercará más a los dioses, pero no llegan a ser tan fanáticos como esto puede hacer pensar. Son proclives a juntarse con otras personas de otras clases ya que son bastante sociables, y buscan siempre nuevos desafíos.

Por otra parte, los Vikingos, aunque son prácticamente iguales a los Berserkers, guiaron sus pasos hacia el mar, donde se convirtieron en buenos marineros y algunos en grandes piratas. Sustancialmente los Vikingos conocen más los entresijos de un barco y de las profundidades marinas, pero siguen siendo igual de bárbaros que sus contrapartes de tierra.

Se dice que una batalla entre un Berserker y un Vikingo puede durar horas o quizás solo segundos. Aunque también dicen que al terminar la batalla es muy posible que se marchen a beber juntos, ya que posiblemente podrían ser hasta parientes, ya que esta clase muchas veces se mueve entre los círculos familiares y los Berserkers y Vikingos más famosos suelen tener familia muy numerosa.

Caballero (Guerrero)

Caballeros y Guerreros son muy parecidos en casi todos los aspectos. Sus habilidades y técnicas son prácticamente las mismas, pero unos son entrenados por ejércitos, y otros son entrenados por sí mismos. Ahí radica la diferencia.

Los Caballeros han sido entrenados para ser el brazo armado oficial de los ejércitos. Saben acatar órdenes, han sido entrenados en la historia y en la diplomacia, y son muy valorados entre la nobleza, ya que es muy raro ver a un plebeyo consiguiendo el título de Caballero, pero no es imposible. Por su parte, los Guerreros han entrenado su estilo propio de manera autodidacta, y son comúnmente mercenarios y espadas a sueldo que han salido de sus hogares buscando fama y fortuna, o huyendo de un pasado que no quieren recordar. Estos pueden ser contratados por los ejércitos regulares, e incluso pueden conseguir títulos de caballero o convertirse en algún tipo de caballero más alto.

Hay muchas cuadrillas de mercenarios por todo el mundo. Algunos son simples trabajadores que cuidan de otras personas mientras viajan, otros son auténticos maleantes. Muchos están dentro de gremios de aventureros para encontrar su lugar en la vida.

Caballero Místico (Espadachín Mágico)

Expertos en el uso de las armas y de la magia, los Caballeros Místicos fueron una vez una orden de guerreros que protegían a los magos, pues ellos mismos descendían o de Caballeros, o de Magos Rojos. Su indumentaria es representada siempre por el blanco de sus armaduras, mientras que algunos llevan todavía el turbante que los identifica como Caballeros Místicos, otros prefieren llevar su cabellera al aire, sobre todo si son féminas, las cuales prefieren llevar un fino velo en el rostro. En la antigüedad había pocos lugares donde se podían entrenar a estos templarios. Uno de ellos era en Madain Sari, y otro era en el reino de Damcyan (De donde le vienen el tipo de vestiduras).

Sin embargo, desde que terminó la Batalla de las Mil Lunas, son entrenados en Burmecia, Doma y Damcyan, esta última hasta que fue destruida en la Guerra de las Sombras. En Burmecia existe la Orden del Eclipse, la cual está conformada por Caballeros Místicos de todas las razas, aunque no es completamente necesario estar en esta orden para ser un Caballero Místico.

Caballero Oscuro/Dama Oscura (Paladín Negro, Cazador Arcano)

Caballeros sagrados de la Diosa de la Noche, los Caballeros Oscuros han recibido un duro entrenamiento que los hace muy poderosos. Estos Paladines Negros son devotos de la Diosa Doom, y aunque mucha gente les teme por su indumentaria y sus poderes sobre la Oscuridad, el cual proviene de un pacto que hacen con la propia Doom en el final de su entrenamiento, estos no suelen ser malas personas.

Un Caballero Oscuro es común encontrarlo en los campos de batalla luchando por sus ideales, o protegiendo a gente de la muerte, ya que tienen muy claro que el camino hacia Doom es imposible de evitar, pero sí que se puede corregir y ayudar a que no acabe demasiado pronto. De igual modo, muchos de ellos son sacerdotes de Doom, y han sido entrenados en el arte de embalsamar los cuerpos, de prepararlos para su viaje final, de la cremación… en pocas palabras, igual que los Magos Negros, los Caballeros Oscuros son expertos en ritos funerarios.

Hay muchos prejuicios hacia estos Paladines Negros, pero la realidad es que muchos de ellos son buenas personas que, al igual que su contraparte blanca, se esfuerzan en proteger a la gente que tienen a su cuidado. Al mismo tiempo, han sido entrenados exhaustivamente para poder derrotar a los magos, por lo que también tienen el nombre de “Cazadores Arcanos”.
En Baron está la Orden de la Luna Negra, y muchos de ellos son Sacerdotes Guerreros de Doom.

Danzarín


La música ha sido una manera de expresión aclamada por todos durante toda la existencia, ya que todo el mundo sabe que la propia música tiene magia que, inexplicablemente, se contagia a los demás. Los Bardos tocan, y los Danzarines se ocupan de bailar.

Los Danzarines masculinos son extremadamente extraños, ya que se considera a esta clase casi por completo femenina. Sin embargo, tanto en Tycoon como en Elfheim puede haber expertos danzarines masculinos. Sin embargo, lo normal es que sea féminas quienes sigan este tipo de clase.

Como contraparte de los Bardos, la clase de Danzarín permite lanzar estados alterados negativos a los enemigos con sus hermosas danzas, además de que son expertos en el conocimiento de la historia y la teología, pero también son expertos en la seducción, ya que sus ropas suelen ser demasiado sugerentes.

Están dentro del gremio de la Música, y la mayor escuela está en Alexandría, en la Universidad. También aprenden a defenderse, y son un poco más fieros que los Bardos, ya que tienen danzas que pueden parecer auténticas batallas contra uno mismo, o contra otro con sus armas.

Dibujante (Artista, Pictomante)

Una escuela de magia muy antigua, y a la vez, muy desconocida. Los Pictomantes tienen la capacidad de “crear” cosas con sus poderes, al mismo tiempo que perfeccionan su arte.

Se dice que el inicio de los Pictomantes se remonta a un artista que visitó Madain Sari y se enamoró de la magia, e intentó crear su propia escuela, consiguiendo crear la más extraña de las magias. Hay varios pictomantes en Madain Sari y algunos en Alexandría, pero la mayoría de veces esta escuela de magia suele enseñarse de padres a hijos. Otros, como los Elvaans, denuncian a los Dibujantes de fuera de Elfheim por ser “burdas copias”, ya que se atribuyen la creación de esta escuela... Irónicamente, aquel artista que fue a Madain Sari y creó la escuela pictomante, era un Elvaan Mestizo de los que tanto odian los Elvaan Pura Sangre.

En la actualidad hay pocos pictomantes, pero los que hay son muy reconocidos entre la comunidad artística, el cual está atado al gremio de Artistas. Muchos se ganan la vida haciendo realidad los sueños de los nobles por un buen precio, o quizás ni siquiera explotan su potencial. 

Domador (Maestro de Bestias)

Desde siempre el humanoide ha domesticado animales y monstruos para su propio provecho, y gracias a eso esta clase fue creada. 

Como expertos en el arte de la doma, los Domadores han conseguido tener un extenso conocimiento sobre monstruos y animales, y gracias a eso se creó el gremio de Investigación de la Fauna de Gaia, junto a Arqueros y Magos Azules, para aprender de los monstruos y animales, y para proteger los que están en peligro de extinción.

Gracias a este trío de expertos en monstruos se ha conseguido crear grandes compendios sobre los monstruos de Gaia. No hay monstruo que no sea conocido por el Domador, y allá donde hayan monstruos desconocidos siempre habrá uno de estos estudiándolo para aprender más de ellos.

Siempre va a ir acompañado por su fiel compañero, el cual es un animal, aunque los más poderosos se les pueden ver con toda una jauría de monstruos aliados suyos.

Dragontino (Caballero Dragón, Draconarius)

Desde una época antigua, los Dragoon han sido los estudiosos guerreros de los dragones. Desde hace miles de años, estos místicos guerreros han estado en comunión con los reptiles de donde proviene su nombre a tal punto en que están ligados a un dragón de por vida...

Pero por desgracia, los dragones están en peligro de extinción, y los Dragoon casi no pueden unir sus corazones a los de los dragones como solía hacerse en el pasado. A cambio, los Dragontinos han tenido que entrenar a los Drakos de Viento, pequeños descendientes de dragón ni tan inteligentes, ni tan poderosos como los grandes reptiles.

Tanto misterio puede llegar a tener esta clase a veces, que ni siquiera su estilo de magia está claro. Es conocida como “Magia Arcana”, y los más estudiosos la relacionan con la Magia Azul, ya que sus conjuros son parecidos a los que usan los dragones. Es normal encontrarse a un dragoon lanzando fuego por la boca, o convirtiendo su piel en escamas. Uno de los misterios que si se ha descubierto es cómo pueden saltar tan alto en su característico ataque. “Los Cielos le pertenecen a los Dragones” solían decir, pero la realidad es que aprenden a usar la magia de su entorno para fortalecer sus piernas. Los más poderosos pueden llegar a saltar una torre de magia de un salto.

Lo normal es encontrarlos tanto en Baron (dentro de la Orden del Dragón de la Luna) como en Burmecia (en la Orden del Dragón de la Montaña).

Aventurero (Aprendiz, Novato)

Los Aventureros son todos aquellos que están empezando en sus viajes para convertirse en leyenda. Son los grandes aprendices que tienen el potencial de hacer crecer sus propios mitos.

Son conocidos como “los grandes aprendices”, ya que su capacidad es enorme. Son aquellos que empiezan un camino desde cero y se preparan para encontrar un maestro, y que este le acepte como tal.

Geomante (Chamán, Druida)
Unidos a la naturaleza por un poder superior, por los eidolons o quizás los dioses, los Geomantes se encargan de que los bosques, los mares y los vientos estén limpios y sanos. Son los defensores de la naturaleza y de ella reciben sus poderes, variando de la zona donde están ubicados. 

Originariamente, en los años anteriores al 1000 d. N., tenían un representante en Madain Sari como uno de los miembros de los Sabios de la ciudad mágica, sin embargo desde el 1000 d. N., los Geomantes dejaron de estar atados a cualquier posible colectivo, siendo ellos mismos quienes se gobernaran como clan o incluso como familia.

Algunas comunidades nómadas prácticamente son geomantes, buscando el equilibrio entre la vida y la naturaleza. Algunos superiores, los cuales tienen una segunda clase (como los Bardos Salvajes, o los Druidas) tienen más nivel en estas comunidades, ya que se encargan de cuidar de la gente y enseñarle las letras. Algunas comunidades se asientan en pequeños poblados, en cruces de caminos, donde pueden ayudar a los nómadas que viajan por esa ruta, o a las personas que se pierden. Una gran comunidad está en un pequeño oasis en el Desierto del Fuego, los cuales se encargan de ser el punto neutral entre la desaparecida Damcyan, la Cueva de Mist y las tierras verdes.

Invocador (Medium)


Originalmente solo los que poseían cierto don para la invocación podían ser Invocadores. Sin embargo con el tiempo, estos mismos que tenían el don empezaron a enseñar como contactar con los Eidolones y, con el paso de los años, a formar pactos. Eso derivó en la escuela de magia conocida como “Invocación”, dando pie a los Invocadores.

Desde entonces, ha habido magos que han querido usar sus poderes mágicos para este fin. Los Invocadores son gente muy importante, pues desde tiempos remotos han sido, junto a los Magos Azules, los mensajeros de Poltergeist, diosa de los espíritus. Gracias a los Invocadores, cuando hay una gran matanza, pueden enviar las almas perdidas al seno de la diosa azul para empezar el ciclo de almas con algo que es conocido como “La Danza del Envío”, conocida solo por los seguidores de Poltergeist. También fue gracias a los Invocadores que en la época de Sin pudieron derrotar a tamaña bestia.

Estos magos tienen comúnmente un accesorio con forma de cuerno en la frente, pues es su distintivo de la escuela, conocida como “La Orden de los Invocadores”. Su entrenamiento hace que viajen por el mundo buscando a los eidolones y proporcionando sus servicios para enviar almas al más allá si son necesarios. En un principio su sede estaba en la desaparecida Zanarkand, donde el arte de la Invocación era muy valorado.

Aquel invocador que consigue el poder de invocar a Bahamut, el Dios de los Eidolones, consigue el título que una vez tuvo el dios entre los mortales: el título de Alto Invocador. Actualmente hay dos Altas Invocadoras: La reina Garnet de Alexandría y la reina Rydia de Eblan.

Si un Invocador proviene de Doma, puede elegir tener Armas Mágicas como en el manual, o Armas Cuerpo a Cuerpo Medianas (Katana) como parte de su entrenamiento en Doma. Esto es exclusivo del país Samurái.

Ladrón (Cazador de Tesoros)

No siempre los conocidos como “ladrones” son eso, ladrones. A veces son expertos dentro de las mazmorras que son contratados para recuperar tesoros o explorar lo desconocido. Obviamente hay algunos que han vivido su vida para robar a los demás, y otros para convertirse en los típicos “Robin Hood” de Gaia. Otros obviamente son simples rateros o amigos de lo ajeno.

En la actualidad, hay dos gremios de esta clase: El Gremio de los Ladrones, el cual tiene su sede en Zozo (la antigua Limblum), y el Gremio de los Cazadores de Tesoros, el cual tiene su sede en Narshe. Entre los que son Ladrones y los que son Cazadores de Tesoros hay una enorme rivalidad hasta tal nivel que se apuñalan entre ellos si no hay una razón para impedirlo.

Mago Azul (Espiritista)

Todos los magos suelen ser sacerdotes de su diosa. En el caso de los Magos Azules, ellos son sacerdotes de Poltergeist, la diosa de la Magia Azul y de los Espíritus. No todos los magos azules son sacerdotes, pero ambos tienen una fuerte conexión con los monstruos, pues de ahí viene su poder.

Conocidos como los magos más duros de todos, los Magos Azules son respetados pues su habilidad para aprender de los monstruos los ha hecho muy importantes en la comunidad mágica y en las universidades. Muchas veces cuando hay migraciones de monstruos o algún espécimen nuevo y desconocido, grupos conformados por un Mago Azul, un Arquero y un Domador van a investigarlo para saber más de ellos. Son magos que prefieren la acción antes que el estudio dentro de una torre, por lo que es normal verlos viajar por el mundo.

Al igual que los Invocadores, los Magos Azules conocen “La Danza del Envío”, la cual permite a estos magos enviar las almas en pena de las grandes matanzas al más allá para continuar con el ciclo de reencarnación. Su orden mágica es conocida como “La Orden de las Estrellas Azules”, haciendo referencia a las almas que pueden enviar al más allá, y a su fuerza de espíritu. 

Como todas las órdenes mágicas, la de los Magos Azules también tiene su sede principal en Madain Sari, actualmente La Aldea de Mist, pero también tiene un gran flujo en Elfheim, Winhill y Kolinghen, y en su época, en Zanarkand. Un Mago Azul siempre puede aprender magias de monstruos desde un libro o de un maestro, pero siempre preferirá conseguir las magias directamente “desde la fuente”... vamos, recibiendo golpes. No son masoquistas, solo magos de combate.
Esta clase es totalmente incompatible con la clase Nigromante, pues son completamente opuestos entre si.

Mago Blanco (Clérigo, Devoto)

Si hay una clase muy valorada en Gaia, esa es la de los míticos Magos Blancos.

Profesión en la que abundan las mujeres, estos sacerdotes de Goddess, diosa de la vida y de la magia blanca van por el mundo ayudando a quien lo necesite. No hay restricción, sin embargo, en lo referente al sexo. Hay tanto varones como féminas en esta clase, pero es extraño ver a un hombre dedicarse a la curación. Los magos blancos que son sacerdotes al mismo tiempo también ofician nacimientos y bautizos como parte de su fe a Goddess.

No por ser Magos Blancos deben ser necesariamente buenas personas. Hay Magos Blancos que han dominado su arte solo por el hecho de conseguir poder sobre otros. Al igual que los Magos Azules, no todos los Magos Blancos son sacerdotes de la diosa Goddess, pero siguen muchos de sus preceptos.

Su orden mágica, conocida como “La Orden de la Luna Llena”, tiene sede en Madain Sari, la actual Aldea de Mist, y también en Alexandría, Burmecia y Baron, lugares donde se enseñan a usar la magia blanca. La sede en Doma, ciudad de los samuráis, también tiene su propia escuela de magia blanca, más enfocada al equilibrio entre la curación y la defensa con armas físicas. La actual reina de Baron, Rosa Harvey Farrel, es una Devota de alto nivel.

El título de “Devoto” lo consiguen tan solo los Magos Blancos que han conseguido el conjuro “Sanctus”. A partir de entonces, el Mago Blanco se convierte en un Devoto, título de renombre y nobleza.

Mago Negro (Archimago)

Hechiceros de gran potencia y sabedores de los arcanos poderes de la magia, los Magos Negros son poderosos lanzadores de conjuros de magia de ataque, admirados y temidos a partes iguales. Su destreza en las artes arcanas les permite luchar mano a mano contra los monstruos más peligrosos que pueda haber en cuestión de magia.

Buscadores de la verdad y de la auténtica esencia de la magia, los Magos Negros también son sacerdotes. En su caso, de la diosa Doom, señora de la magia negra y de la muerte. Sin embargo, aunque su diosa es una considerada como “indeseada”, los que ofician como sacerdotes de Doom son los encargados de dar descanso a los moribundos, oficiar sus funerales y prepararlos para el descanso final. No es una tarea agradable, pero alguien debe hacerla.

Su orden es conocida como “La Orden de la Luna Nueva”, en contraposición a la orden de los Magos Blancos. Muchos de estos magos utilizan lo que ellos llaman “La Máscara de Sombras”, la cual esconde sus rasgos detrás de una profunda oscuridad, y tan solo permite ver los ojos. No necesariamente son enemigos o tienen roces, pues ambos son expertos en lo que mejor saben hacer, pero siempre hay una sana rivalidad entre ambos. La sede original está en Madain Sari, la actual Aldea de Mist, pero hay otras sedes en Baron, Alexandría y Doma. En el país de los samuráis, los magos negros son entrenados también en el arte de las armas para poder defenderse en un estado perfecto entre cuerpo y mente.

La actual reina de Eblan, Rydia de Mist, tiene el título de “Archimaga”. Este título se le entrega a los Magos Negros que han dominado el poderoso conjuro “Fulgor”. Al igual que el título de Devoto, el de Archimago es uno de gran renombre y respeto.

Mago Rojo (Guerrero Mágico)

El polifacético Mago Rojo, experto en todo lo que puede encontrarse, es una de las clases más versátiles que existen en Gaia. Aprenden magia tanto de tipo curativo como de ofensivo, y además tienen capacidad para usar armas que no suelen usar los magos.

Se dice de los Magos Rojos que son simples oportunistas que aprenden lo mejor de ambas escuelas mágicas, pero entre las órdenes mágicas siempre ha habido un respeto con ellos, pues junto a los Magos Azules, estos “guerreros mágicos” pueden sacar de un gran aprieto a un grupo de magos sin potencia física.

Por otra parte, los Magos Rojos siempre han sufrido de que, como se suele decir en el refrán: Son aprendices de todo, pero maestros en nada. Pueden usar magias muy poderosas tanto de la escuela blanca como de la negra, y usar armas físicas, pero nunca serán Devotos, Archimagos o grandes guerreros de renombre… Es por eso que muchos, una vez han dominado esta escuela, se convierten en Caballeros Místicos para darle más potencia a sus formas físicas.

Su orden es conocida como “La Orden de la Media Luna”, dando a entender que están entre los Blancos y los Negros. Dentro de esta clase hay dos facciones. La primera es conocida como “La Orden de la Luna Creciente”, la cual se dedica más al estudio de la magia y, una vez han dominado sus conjuros y su clase, cambian a otra más mágica. La otra es “La Orden de la Luna Menguante”, la cual está enfocada al equilibrio entre magia y espada. Estos últimos son los más propensos a convertirse en Caballeros Místicos.

Narshe, Burmecia y Doma tienen grandes escuelas de magia roja. Estos últimos, al igual que los demás magos, hacen que aprendan también el uso de todas las armas posibles.

Mago del Tiempo (Crono Mago)


Expertos en astrología y el discurrir de las eras, los Magos del Tiempo son muy escasos en estos días. Se decía que originariamente era una clase creada por los Cetra para aumentar sus poderes y conocer mejor a los dioses, pero pocos han dominado fuera de sus raíces esta clase. Algunas veces los Lunarian han conseguido ser Magos del Tiempo igual de competentes que los Cetra, pero cuesta ver a esta clase.

Desde hace mucho tiempo se considera una Escuela Perdida por la gran potencia de sus conjuros, por eso en Madain Sari / Mist dejaron de enseñarla desde hace siglos. No obstante es posible encontrarse algún que otro Mago del Tiempo por el mundo, pero solo se puede aprender la magia temporal de un Mago del Tiempo.

Todo Mago del Tiempo debe pagar un precio por su poder. Este precio es su propio “Tiempo”, el cual cambia al llegar a ser suficientemente poderosos. Algunos Móguris han llegado a vivir hasta 150 años, superando con creces su esperanza de vida, mientras que algunos humanos han llegado a vivir más de 300 años.

Su orden era conocida como “La Orden del Reloj de Arena”, y estos magos eran conocidos como “La Escuela Morada”, pero poco se recuerda ya de ella. Son Sacerdotes de Crystalos, el Dios del Espacio y el Tiempo, el cual, al igual que su escuela de magia, casi está olvidado. Muchos que aprendieron esta clase en Doma tienen un entrenamiento sobre armas igual a los magos típicos.

Muchos Magos del Tiempo, con el paso de las épocas, cambian de clase para complementar sus habilidades mágicas. Algunos son puros magos, por lo que se convierten en Magos Blancos o Negros, combinando sus conjuros mágicos. Otros van por la vía física, como los Caballeros Místicos y los Berserker / Vikingos. Los menos, aunque también existen, se convierten en Samuráis. Su símbolo es una estrella, la cual suelen llevar ataviada en su ropa de alguna y otra forma, y sus colores son el morado y el blanco.

Mago Verde (Hechicero, Oráculo)

Místicos de las artes de la adivinación, los antiguos Oráculos tenían el don de poder ver entre las brumas del tiempo y el espacio, y así vislumbrar todas las posibilidades que en el futuro podían pasar. Obviamente tenían que decidir qué futuro podría pasar, pero no siempre era infalible.

Desde el principio de los tiempos, los Oráculos eran los líderes mágicos de Madain Sari, y junto a los Magos del Tiempo, los Sacerdotes del dios Crystalos. Gracias a aquella habilidad para ver en el futuro, hicieron que Madain Sari creciera tanto que se convirtió en un estado neutral, y los Oráculos fueron muy respetados.

Sin embargo, todo eso cambió alrededor del 1650 d. N., en la Batalla de las Mil Lunas. Fue a partir de esa fecha que la escuela de los Oráculos se transformó en la escuela de los Magos Verdes.

Desde entonces, los Magos Verdes han intentado recuperar aunque sea un poco de su antiguo prestigio, sin embargo han tenido que luchar contra el miedo y la desconfianza que adquirieron desde la Batalla de las Mil Lunas… y sin poder ver en el futuro. Todavía algunos Magos Verdes se consideran Sacerdotes de Crystalos, ya que pocos Magos del Tiempo quedan.
Si un Mago Verde proviene de Doma, puede elegir tener Armas Mágicas como en el manual, o Armas Cuerpo a Cuerpo Medianas (Katana) como parte de su entrenamiento en Doma. Esto es exclusivo del país Samurái.

Monje (Artista Marcial)

Artistas marciales más allá de lo imaginable, estos hombres y mujeres se dedican a concentrarse en la perfección entre cuerpo y espíritu, llevando un entrenamiento riguroso que los fuerza a romper todos los esquemas.
Un arma en sus manos puede incluso parecer inútil, pues sus propias extremidades son tan duras como el hierro. Normalmente, sin embargo, si usan armas son algunas como espadas especiales, varas, o las preferidas de muchos monjes, los guanteletes. Por eso mismo tienen una HaCo de Armas personalizada para ellos mismos. 

Hay monjes en muchas zonas, y en cada una de ellas se aprende una forma diferente de luchar, sin embargo todos tienen algo en común, y es que se consagran a su entrenamiento y a su disciplina, la cual les convierte en la clase con más resistencia y fuerza vital de todas.
Muchos de estos guerreros aprenden a usar su concentración para aprender nuevas artes marciales, o nuevas técnicas que recuerden de sus enemigos. Al mismo tiempo, de alguna manera muchos desarrollan un sexto sentido que les dicta cuando van a ser atacados.
Hay muchas órdenes de monjes, pero una muy conocida es la “Orden del Puño de Hierro”, la cual tiene sede en Doma.

Nigromante (Mago Oscuro)


La magia es algo que es venerado por todos en Gaia, ya que casi todos sus sacerdotes son un tipo de mago. Sin embargo, hay un tipo de sacerdote que nadie quiere cerca… Esos son los Nigromantes. Entendidos en las artes oscuras, los magos oscuros han estudiado la magia más tenebrosa de todas, la de resucitar los cuerpos sin vida.
Esta oscura práctica no está bien vista por nadie, pero no porque levanten a los muertos de su descanso eterno, si no por el problema que conlleva este poder. Los nigromantes tienen puntos débiles, pero el peor de ellos es que, conforme se van haciendo más poderosos, tienden a perder poco a poco la razón. Con el tiempo, el nigromante pierde de vista lo que es la línea entre el bien y el mal, y sus escrúpulos se van perdiendo hasta el punto de que cosas tan aterradoras como matar a un niño le resulta sencillo y no le ve nada malo.

Las artes mágicas que usan los nigromantes, a parte de las oscuras obras de levantamiento de muertos, son magias azules iguales a las del mago azul, pero la práctica del nigromante para aprender estas magias es totalmente diferente. No deben recibir el golpe, sino algo mucho más bárbaro: Comerse el corazón del monstruo. Da igual si lo cocina, si es crudo, o lo acompaña con patatas fritas, el caso es que debe comérselo para poder aprender todos los conjuros que el monstruo (o el mago azul) conociera. 

Otro problema que tienen es que no pueden recibir curación de nadie externo a ellos. Su conocimiento de las artes oscuras hace que su cuerpo solo pueda curarse si prepara pociones él mismo, o alguno de sus zombies especiales pueda lanzar magia blanca sobre él/ella. 
Algunos de ellos, además, son sacerdotes del más oscuro de los dioses: Última, el Caos Primordial.

Ninja (Asesino)

Silenciosos, mortíferos y perfectamente entrenados, los Ninja han sido siempre una nación misteriosa que ha perdurado desde hace siglos. Con técnicas secretas pasadas de generación en generación, los espías más silenciosos han conseguido tener más enemigos que aliados siempre. Poco se sabe de sus entrenamientos, su forma de luchar o incluso sus armas, pero lo que es seguro es que nunca querrás tener a uno como enemigo.

Siendo uno de los pocos que aprenden a usar ambas manos para luchar, su concentración en la lucha y su puntería han sido solo la punta del iceberg de estos mortíferos asesinos. Sin embargo también han sido parte de misiones de espionaje, pues son expertos disfrazándose. Se cuenta la leyenda de que hubo una vez un ninja que no se sabía si era hombre o mujer, porque siempre aparecía con una apariencia diferente.

No tienen una orden, si no clanes. Hay dos clanes principales en toda Gaia, los cuales son el clan de Eblan (El clan de la Sombra) y el clan de Wutai (El clan del Colmillo). No son enemigos entre ellos, pues son clanes de distinta procedencia, pero si se mantienen vigilados los unos a los otros. Dentro de su mundo hay muchos más clanes menores, conformados por familias dentro de las ciudades, pero los principales siempre son esos dos.

Se dice que también hay un clan secreto dentro de Doma, conocido como el Clan del Dragón, pero no se sabe a ciencia cierta si es cierto o falso.

Paladín 

Defensores de la Fe de su diosa, Goddess, los Paladines son guerreros sagrados entrenados para enfrentar a los más grandes peligros del mundo actual. Personas principalmente devotas y de buen corazón, estos hombres y mujeres son expertos en el arte de la guerra y aprendices de la magia blanca. 

Contrapartes de los Caballeros Oscuros, el Paladín es, al igual que el anterior, un Sacerdote Guerrero dedicado a una deidad, en este caso a Goddess, diosa de la Magia Blanca y de la Vida, hasta tal punto que los que no conocen a estos hombres y mujeres piensan que hicieron un pacto con la diosa blanca para conseguir sus poderes. Realmente, son escépticos sobre eso, pero la verdad es que están en comunión muchas veces con la diosa, y sienten cosas que no pueden explicar de otra manera salvo que sea una “Intervención Divina”.

La transformación en Paladín es una de las pruebas más peligrosas que se conocen, pues el candidato debe enfrentarse a su versión más tenebrosa frente al Espejo de Ordeals, en el monte del mismo nombre situado al oeste de Alexandría. Por eso mismo, la mayoría de los Paladines están dentro de la “Orden de la Luna Blanca”, la cual es una de las principales bazas del ejército de Alexandría. Otros Paladines de otros reinos también pueden hacer la prueba sin problemas, por lo que cada año se crea una congregación de aspirantes de todos los reinos en Alexandría para ir todos juntos.

Muchos de estos guerreros santos han sido entrenados para erradicar el mal, con el firme propósito de destruír a los No-Muertos. Se les da un entrenamiento especial precisamente para ello, y empiezan en el Monte Ordeals.

Actualmente, el rey de Baron, Cecil Harvey, fue uno de los Paladines más poderosos de Gaia antes de convertirse en un Parangón.

Samurái (Ronin, Yojimbo)

Nobleza, entrenamiento y una rigurosa disciplina es lo que hacen posible a estos grandes guerreros de la katana, la lanza, el arco y la ceremonia del té. Pertenecientes de la población de Doma, los Samuráis se describen como los auténticos guerreros de Gaia, pues su disciplina y filosofía hacen que se sientan superiores a muchos otros guerreros de su mundo. No se consideran los mejores muchas veces, si no quizás los más difíciles de derrotar en combate cuerpo a cuerpo.

Entrenados en todas las disciplinas de armas de su reino, son también expertos en etiqueta y modales, pues su filosofía les dicta que deben ser perfectos para su Daimyo (Señor Feudal, título que actualmente lo ostenta el líder de Doma). No son perfectos, por supuesto, pero es algo que ellos persiguen.
La disciplina del Bushido, nombre con el cual se les atribuye a su forma de luchar y filosofía, solo se enseña en Doma. Algunos samuráis errantes pueden enseñar a ser samurái a jóvenes promesas fuera del reino, pero una vez terminado su aprendizaje, deben ir a Doma para demostrar que son merecedores del título de “Samurái”. Los Samuráis renegados o que no acuden a Doma para dar a entender que son Samuráis al servicio de Doma, son conocidos como “Ronins”, samuráis sin señor.

También son los que más conocen la fuerza de los demonios, y han sido entrenados para destruír a estos seres. El odio que un samurái puede llegar a tener por un demonio puede incluso nublarle la mente, pero también saben que los demonios pueden incluso tener una vida honrada y preciosa.
Sin embargo, hay otra zona donde se entrenan a los samuráis, y es en Elfheim, la ciudad de los Elvaans. 

Originariamente, las tierras de Doma eran parte de las tierras de Elfheim, y los humanos que vivían ahí se relacionaban en buenos términos con los elfos. Aprendieron su forma de luchar y parte de sus filosofías, y a día de hoy, Doma es el único reino humano que tiene buenas relaciones con los elfos. El ejército Elvaan lo conforman samuráis elfos.

Tahúr (Jugador)

Los Tahúres son expertos en el trabajo del robo limpio. Serían una evolución de los ladrones pero son conocidos como “Ladrones de Guante Blanco”. No suelen estar a favor de la violencia, y si pueden siempre usarán su encanto y su labia para salir de los problemas, pero aún así son diestros en el combate, utilizando objetos que nunca podrías esperar que fueran armas, como dardos, dados o cartas. 

Su especialidad sin embargo es el juego y las trampas. El Tahúr es experto en arte, la filosofía o distintas formas de expresión, y con eso va formando su faceta de Filántropo, algo que consigue engañar a sus víctimas.







Bien, creo que con esto la gente entenderá un poco más sobre el universo de nuestra historia. Para los que vean nombres que no conozcan, no os preocupéis, pronto conoceréis a los personajes que han salido aquí mencionados.
Espero que os haya gustado este post de información. Hasta pronto.